Al visitar Chicago, una de las fotos obligadas es en el “frijol”; o en Nueva York, si tienes suerte no te tocará hacer fila para llegar al “toro”; mientras que, en Vancouver, contemplar las carcajadas de los patinadores chinos, son un alimento para el alma.
Así pues, la cultura en la calle no sólo representa la interacción humana con el arte y compartir con el público en general. El talento de los artistas es el de quienes pueden sentir la satisfacción en vida de ver sus obras expuestas y que a lo largo del tiempo, también se convierten en íconos de la ciudades.
El Cloud Gate de Anish Kapoor en Millennium Park de Chicago, es una escultura de acero de casi 100 toneladas, que al ser llamada como “The Bean” no era del agrado del artista, según trascendió, pero que al darse cuenta de la apropiación que la gente tuvo de su obra y lo que representaba para la comunidad, tanto local, como visitantes, terminó aceptando el término.
El artista Chino Yue Minjun creó su obra “A-maze-ing Laughter”, que consta de 14 figuras de bronce; la familia Wilson la donó como un “regalo para el pueblo de Vancouver”, lo que el artista agradeció por permitirle no solo compartir su arte, sino los sentimientos que transmite en él, relata la página de la Bienal de esta ciudad.
El imponente Charging Bull de bronce en Wall Street fue un regalo para los estadounidenses de su autor Arturo Di Modica en medio de una crisis financiera en 1987. Hoy es un punto de visita turístico pero, además, un símbolo de fuerza y abundancia, y hasta para muchos, un amuleto para la riqueza.
En Madrid, El Oso y el Madroño, no solo es una escultura de piedra y bronce, sino también un icono de identidad española. Por cierto, Guadalajara tiene una réplica de esta obra en la Plaza España ubicada en Prolongación Chapultepec.
Los ejemplos son muchos, falta mencionar La Maman o araña en Bilbao, afuera del Museo Guggenheim, o las 23 esculturas en la Plaza Botero de Medellín, donadas por el artista que, además de compartir su arte con los colombianos, se convirtió en un embajador cultural y orgullo de su país.
De esta misma manera, es que surgió la propuesta de reubicar Las Tres Gracias de Sergio Garval, instaladas hace cinco años en la Calzada Lázaro Cárdenas como parte de un gran proyecto de arte público. Si bien es una de las vías más importantes de la ciudad, 30 segundos no son suficientes para ver y admirar estas figuras de bronce inspiradas en la mitología griega y que, además de su belleza, son muestra del talento tapatío.
La propuesta que será sometida en Cabildo para su aprobación, es que sean reubicadas en la recién remozada Plaza de la República en Avenida México, un punto de encuentro dominical para los amantes y coleccionistas de antigüedades en el ya tradicional Trocadero.
Darle oportunidad al arte de ser apreciado por la gente en puntos de fácil acceso y convivencia social, no solo permite acercar la cultura e interactuar con ella, sino también reconocer e impulsar a los artistas locales, así como cuidar nuestro patrimonio y lograr mejores espacios públicos que se vuelvan sitios de interés, de apropiación y de identidad tapatía.