La presidenta Claudia Sheinbaum hizo un planteamiento simplemente increíble: se cuestionó si debería destinarse el dinero para viajes especiales, como la misión “Artemis II” que ha llegado a la Luna, o mejor aplicarlo en la atención a las personas en condición de pobreza.
La presidenta Sheinbaum ha caído varias veces en el problema que implica tener todos los días una rueda de prensa como “la mañanera” instaurada por el exmandatario Andrés Manuel López Obrador. “Quien habla mucho, mucho se equivoca”, recuerda el refrán, y hablar en cadena nacional, expuesta a las preguntas más inesperadas y disparatadas que le puedan plantear, provocan este tipo de episodios.
Los viajes al espacio son una proeza del ser humano. Ya no se trata de llegar a la Luna, sino de instalar una base como punto de partida para aspirar a otro viaje que todavía parece ciencia ficción: viajar al planeta Marte.
Hoy, la humanidad es heredera de sorprendentes avances que antes sólo eran sueños descabellados. Aunque nos hemos acostumbrado, en unas pocas horas se viaja de un continente a otro, en maquinas que vuelan; nos movemos en automóviles que hace unas décadas sólo eran producto de la imaginación.
Tenemos armamento que puede destruir la faz del planeta varias veces y contamos con tecnología médica que nos permite vivir mucho más y mejor que unas pocas generaciones atrás.
Y efectivamente. Con el fulgurante desarrollo del conocimiento y la tecnología, se han incrementado nuestros males y nuestros comportamientos estúpidos y deshumanizantes.
Pero aceptar esos terribles errores no debe hacernos caer en el dilema absurdo de eliminarlo todo y pensar sólo en una de las condiciones de nuestro comportamiento contradictorio: la pobreza.
Si ese fuera el camino, no habría obras de arte, no se hubieran construido edificios o ya en un ejercicio disparatado de imaginación, no se hubieran financiado los barcos que le permitieron a Cristóbal Colón dirigir el viaje que desencadenó la Conquista de la cual no acaban de disculparse la monarquía y el gobierno españoles.
Pero también podría afirmarse que si esa fuera la prioridad, no se habrían despilfarrado miles de millones de dólares en edificar la refinería de Dos Bocas, en Tabasco, que no refina y que no cumple con los objetivos que animaron el proyecto; ni debió levantarse el Tren Maya, que sólo en 2025 costó 10 millones de pesos diarios al erario, porque no ha conseguido ser autosuficiente.
Sorprende el dilema que plantea la primera mujer presidenta de nuestro país; la científica que goza de una aprobación histórica y que antes de incursionar en la política partidista, pasó años en las aulas y estudió incluso, en instituciones académicas norteamericanas.
Atender la pobreza y a los pobres, es una obligación en todos los órdenes. Viajar al espacio y avanzar en el conocimiento y el desarrollo, es una misión de la humanidad.