Sin ningún recato, sin esperar a las fechas del calendario, atendiendo exclusivamente a sus proyectos personales y electorales, numerosos aspirantes iniciaron ya la elección 2027. Lo hace Andrea Chávez, senadora, que solicitará licencia a su cargo para ir a competir por la gubernatura de Chihuahua, e igual lo hace Saúl Monreal, otro senador que aspira ser gobernador de Zacatecas, donde ya es mandatario su hermano David y donde ya fue gobernador, también, su hermano Ricardo Monreal.
Y en esta tendencia se anota la también senadora, Ruth González, esposa de Ricardo Gallardo, actual gobernador de San Luis Potosí, e incluso añade que puede competir por el Partido Verde sin necesidad de hacer alianza con Morena.
Y personajes similares los hay también en Guerrero. Otro senador, Félix Salgado, padre de la actual gobernadora del Estado que anuncia, buscará la gobernatura si el partido Morena “se lo pide”.
Y así con declaraciones que son contradictorias, que adelantan los tiempos y que reflejan proyectos políticos de grupo y personales, pero no el interés de la ciudadanía, arrancó el proceso electoral 2027.
Y hay que hacer notar que sólo se ha mencionado en este espacio a quienes están identificados con lo que se bautizaron como la 4T, la “cuarta transformación”, que está incurriendo en las mismas prácticas que antes tanto le criticaron y le condenaron a las fuerzas políticas identificadas con el PRI o con el PAN.
Oficialmente el proceso electoral comenzará a finales de octubre de este año y con el establecimiento de calendarios y prácticas contempladas en la ley, antes de definir candidaturas o candidatos, habría que organizar precampañas y una serie de procesos que en teoría obligan a los partidos políticos a presentar a sus mejores cuadros para ocupar los cargos públicos, teniendo en cuenta primero que nada, el interés de la ciudadanía.
Pero la realidad es otra, la que marca el pragmatismo, el afán de poder, el control de presupuestos; tomar ventaja en los procesos, hacerse notar y convertírse lo más pronto posible en la candidata o el candidato con la ventaja que garantiza el triunfo electoral.
Y lo mismo ocurre en los otros partidos políticos. Sucede nada más que son menos visibles, que tienen menos oportunidad de ganar.
Pero no hay cambio, no hay mejora, quedamos sujetos otra vez a la dinámica del poder pragmático, el que está controlado por los grupos que se alimentan constantemente del presupuesto y el control de votos. No hay transformación.