En México existe una reducción en la creación de empleos formales, una disminución en el incremento del salario base de cotización al IMSS y una caída en los registros patronales del Seguro Social. Las empresas más afectadas son la micro y la pequeña empresa.
Comencemos por desmitificar a la empresa.
La empresa es una organización que produce bienes y servicios para satisfacer necesidades de las personas. A estos bienes y servicios les denominamos riqueza. En su proceso de producción genera empleos, y con ello ingresos; los ingresos se traducen en consumo, el consumo en ventas y al haber más ventas, la empresa incrementa su inversión productiva, el empleo, los ingresos y con ellos el consumo.
Las primeras empresas son muy antiguas, en el Imperio Acadio, alrededor del 2 mil 334 A.C. en Mesopotamia, ya operaban talleres artesanales familiares dedicados al comercio, agricultura, textil, metalurgia, construcción de barcos para el comercio y la guerra. Aquellos talleres eran muy similares a las micro y pequeñas empresas modernas, organizados en gremios primitivos para el trueque y la producción local. Los fenicios y los griegos, 300 años A.C., tenían organizaciones proto-empresariales para el intercambio de bienes, había talleres de carpinteros, alfareros, producción artesanal, de barcos, textiles, joyas, muebles, vasos, cubiertos, etc. Aunque sin una estructura formal, como las conocemos hoy en día, eran organizaciones familiares, con o sin esclavos, y aunque el objetivo no era la acumulación masiva de capital, sí era el de la generación de excedentes económicos o ganancias, y durante el Imperio Romano evolucionaron hacia entidades con personalidad jurídica propia, e incluso había sociedades que recaudaban impuestos estatales y licitaban obras públicas.
En México, el 95% de las empresas son micronegocios (de 0 a 10 colaboradores), el 4% son pequeñas (11 a 50 colaboradores), el 0.7% son medianas (41 a 250 colaboradores) y el 0.2% son grandes empresas (más de 251 colaboradores) de un total de 4.5 millones de establecimiento en el país, según el último censo económico.
Prácticamente 19 de cada 20 son microempresas. Millones de pequeños negocios que generan riqueza y con ello empleos e ingresos.
Las microempresas generan el 41.5% del empleo total pero solo el 14% el PIB, las pequeñas el 14.8% empleo y el 16% del PIB, las medianas el 14.4% y el 22% respectivamente y las grandes el 29.3% y el 48%, aproximadamente.
Hoy las empresas han visto incrementar los costos laborales por el incremento al salario mínimo del 154% en términos reales (datos oficiales), el incremento en los días de vacaciones de 6 a 12 días y el incremento en las cuotas obrero-patronales al IMSS.
En este punto hay que recordar que, si sube el salario mínimo, sube el costo laboral que incluye: aguinaldo, prima vacacional, indemnizaciones, horas extras, aportaciones al INFONAVIT, contribuciones al Sistema de Ahorro para el Retiro, etc. En pocas palabras: el incremento al salario mínimo reconfigura toda la estructura de costos laborales.
Cuando incrementa el salario mínimo sin un acompañamiento en la productividad, los efectos son mayormente negativos; ello explica la caída en el registro de patrones y trabajadores en el IMSS.
Desde noviembre del 2023 el número de patrones registrados en el IMSS ha venido disminuyendo con una pérdida acumulada de 56.7 mil registros. Tan solo en un año, de marzo de 2025 a marzo de 2026, se han perdido 28 mil 168 registros patronales, siendo los más afectados el comercio y la industria de la transformación, y el ajuste se concentra en micro y pequeñas empresas. Es decir, micro y pequeñas empresas que eran formales, han dejado de serlo, y con respecto a las que aún permanecen en el IMSS, los incrementos al salario base de cotización de sus trabajadores son cada vez menores.
Los nuevos empleos formales registrados ante el IMSS son cada vez menos, al pasar de 423 mil 384 nuevos empleos creados en el primer bimestre de 2023, a solo 207 mil 604 al primer bimestre del 2026. Por otro lado, el total de trabajadores en condiciones críticas de ocupación se ha incrementado persistentemente al pasar de un 15% al primer trimestre del 2018 al 35.7% al cuarto trimestre del 2025, mientras que la tasa de ocupación informal pasó de 27.2% al 29.4% en el mismo período.
En economía no hay ganar-ganar, porque los recursos son escasos siempre. Hay ganadores y perdedores, por ello las políticas públicas deben ser integrales e ir acompañadas de medidas de apoyo para evitar los efectos negativos.
En este caso, para decretar incrementos salariales es necesario sentar las bases que eleven la productividad de los trabajadores, para que los costos laborales se reduzcan, el empleo se incremente y se mantenga la formalidad laboral.
Se requieren políticas de innovación tecnológica y educación de calidad que genere capital humano. Ello significa mejorar la lectura, las matemáticas, el pensamiento lógico. También se requiere inversión pública en infraestructura energética, hidráulica, de logística y de telecomunicaciones. Incentivos para la inversión en maquinaria, equipo, tecnología, digitalización. Se requiera garantizar el estado de derecho, una simplificación regulatoria y de trámites, reducir los costos por operar en la formalidad, crédito más accesible, desarrollo de mercados de capital. Esquemas fiscales y laborales más flexibles. Pero, sobre todo, se requiere un trato especial y diferenciado para la microempresa, cuya problemática es totalmente distinta de la pequeña, mediana y gran empresa.