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Laura Castro Golarte
Laura Castro Golarte
"Laura Castro Golarte es periodista independiente y activa desde hace más de 40 años; politóloga y doctora en Historia Iberoamericana por la Universidad de Guadalajara. Es autora de varios libros. "

INE: la construcción de la confianza

27 abril 2026
|
05:00
Actualizada
13:57

El Instituto Nacional Electoral inicia una nueva etapa con la integración de tres consejeros al  Consejo General del organismo responsable de organizar las elecciones y velar por el apego irrestricto a sus principios rectores, a saber: legalidad, certeza, objetividad, independencia, imparcialidad y máxima publicidad.

Llegar a este punto en nuestro país no ha sido una tarea nada fácil, al contrario. El camino ha sido incierto, terregoso, fangoso, a veces claro y liso, otras oscuro, con rutas divididas, en ocasiones amenazado con deslaves y fracturas u objeto de obstrucciones, en fin. Casi podríamos identificar los momentos precisos adjetivo por adjetivo.

Ha costado trabajo tener un organismo ciudadano y confiable en el entendido incuestionable de que la confianza “no se gana de una vez y para siempre”, José Woldenberg dixit en aquella entrevista que le hice en el año 2000 (¡hace 26 años!). Era cierto entonces y lo es ahora.

Me parece que vale la pena un recuento de los procesos por los que hemos atravesado como ciudadanos en la materia electoral y también para los jóvenes, para las nuevas generaciones.

¿Cómo era antes? El gobierno federal era juez y parte. El secretario de Gobierno fungía como presidente de la Comisión Federal Electoral, claro está, en los tiempos de la hegemonía priísta.

Hace muy poco me refería a esto en la columna que dediqué al Plan B de la reforma electoral que finalmente fue aprobado por las discusiones correspondientes en el Congreso de la Unión y porque se trataba de una reforma constitucional cuyo proceso es más largo.

Hoy retomo el tema electoral porque hace unos días apenas, después de un proceso determinado por una convocatoria, fueron seleccionados y rindieron protesta tres nuevos consejeros electorales. Desde ya se hacen cálculos y elucubraciones… Y es normal.

Esta práctica de la comentocracia pero también de ciertos sectores ciudadanos, tanto colectivos como individuales, es costumbre y casi tradición. El asunto es que el año que entra habrá elecciones federales intermedias y 17 estatales que incluyen cambios en los ejecutivos de las entidades federativas, es intermedia pero mayúscula. Con este dato, la integración de tres consejeros adquiere otra dimensión, es un cambio institucional sí, pero la tarea que tienen enfrente, en el entorno político en el que estamos inmersos, es peculiar, desafiante sin duda y, sobre todo, amerita que no sólo los tres consejeros, sino todos los integrantes del Consejo o de la “herradura de la democracia” como se ha dado en llamar al salón de sesiones, estén bajo constante observación, particularmente por la historia, por los antecedentes que siempre es muy valioso y pertinente conocer.

Aquí voy. Después de que el gobierno federal sacó las manos de la autoridad electoral y el Instituto Federal Electoral (ya se llamaba así) se ciudadanizó (1993-1994), hubo cambios notables en muchos sentidos. Por ejemplo, creció el nivel de conciencia e interés en la población en general. Recuerdo aquellas elecciones infantiles que fueron un total y rotundo éxito porque niños y adolescentes salieron a votar en un ejercicio formativo e impulsor de los valores ciudadanos y democráticos.

Aparte de eso, la población volteó a ver con otros ojos, una percepción ligeramente distinta y todavía pocas expectativas, a la autoridad electoral. Aquí fue donde empezó a germinar una tímida confianza que se fue consolidando por lo menos en las dos siguientes elecciones.

De hecho, en las encuestas sobre confianza en las instituciones, el IFE ganaba terreno a pasos agigantados después de las elecciones de 1997 y 2000, y también en el ámbito internacional: varios consejeros fueron invitados como asesores y observadores de procesos electorales en otras partes del mundo.

Fueron muy buenos tiempos del IFE y para la democracia en México aquellos primeros años de una institución ciudadanizada, sin mayores vicios e interferencias, como sí sucedió ya abiertamente en los gobiernos panistas, en lo que se identifica como la “colonización” de los órganos electorales y el reparto de asientos en el consejo por cuotas, es decir, por los votos ganados por los partidos en los comicios inmediatamente anteriores.

Sabemos y seguro muchos recuerdan la injerencia de Elba Esther Gordillo (por cierto ¿dónde andará?), lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, cuando impuso a Luis Carlos Ugalde, un expresidente del IFE que ahora se ostenta como “analista” experto, en una intervención que luego le cobró cara el PRI a la dirigente sindical porque favorecía al PAN (este Luis Carlos Ugalde, por si acaso no se tiene memoria o conocimiento de él, era el presidente del organismo electoral cuando el fraude ya reconocido y documentado de 2006).

En este tiempo, de 1996 a 2007, es decir, once años, hubo cambios en las leyes electorales y también renovación de consejeros con base en reglamentos y estatutos. En ese periodo también nació el servicio electoral de carrera, muy importante y, hoy por hoy, el elemento que aporta la mayor cuota de confianza por la experiencia acumulada en la organización de elecciones.

Entre 2007 y 2014 el Consejo General del IFE tuvo varios consejeros presidentes provisionales, fue un periodo incierto en el que se urdió otra reforma electoral de gran calado que, de entrada, ordenó modificar el nombre de la institución: dejó de ser IFE para convertirse en lo que es hoy, el INE. Un cambio de forma y de fondo, porque sustituir federal por nacional implicaba la participación del INE en procesos locales; en otras palabras, se quitaron competencias y poder a los consejos electorales de los estados, nacieron los OPLES: Organismos públicos locales electorales.

El consejero presidente de 2014 a 2023 fue Lorenzo Córdova, polémico, cuestionado y también hoy flamante analista y comentócrata.

¿Qué si el INE se toca? Claro que se toca. Es una institución viva, sujeta a constantes cambios y ajustes, que es susceptible, además, de ser reformada cada vez que hay un nuevo gobierno federal o cada vez que alguien en el Poder Legislativo presenta una iniciativa con ese propósito.

Por lo general, después de cada elección saltan liebres, se detectan lagunas, omisiones, contenido que puede mejorar, perfeccionarse; cuestiones que es necesario incluir porque no se habían considerado, en fin. Esto no va a cambiar, el INE está sometido de manera permanente a vigilancia y observación por parte de los políticos y los partidos de este país, también por la ciudadanía y cada vez más.

Es claro que la confianza no se construye de una vez y para siempre. Nuevos consejeros, nueva tarea de vigilancia y observación. Como decía mi abuelita, no les podemos perder pisada, no debemos. Los tres nuevos consejeros: Blanca Cruz, Dennise Gómez y Arturo Chávez están bajo la lupa, particularmente por los señalamientos de que son simpatizantes de Morena y/o de la 4T. Su comportamiento, como el de todos, debe ser impecable y la prueba de fuego está a la vuelta de la esquina. Les toca seguir construyendo el edificio inacabado de la confianza.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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