Las personas en situación de calle viven en pobreza extrema. Son los más pobres entre los pobres y los vulnerables entre los vulnerables, porque no tienen vivienda regular, ni acceso estable a servicios básicos de agua, saneamiento, electricidad y salud; tampoco tienen acceso a una oportunidad de empleo y la falta de documentos oficiales les impide acceder a los beneficios de programas sociales.
Generalmente son tratados como potenciales delincuentes; discriminados, marginados, victimizados, y la sociedad en general no los reconoce como sujetos de derechos en igualdad de condiciones.
Las personas en situación de calle son un grupo diverso conformado por niños, personas jóvenes, adultos mayores, discapacitados y personas con problemas de salud y adicciones. Sufren de precariedad extrema y de abandono social, pero también de incomprensión, tanto por la sociedad como por el gobierno.
Es el grupo más excluido dentro de los excluidos y el más violentado. Tienen en común la pobreza extrema y los vínculos familiares rotos.
Sufren agresiones continuas e incomprensión social. En la mayoría de los casos son invisibles para la sociedad y el gobierno, involuntaria y voluntariamente. Generalmente criminalizados y reprimidos, y no aparecen en estadísticas oficiales porque las instituciones encargadas realizan encuestas en hogares, y ellos no tienen un hogar, lo que impide su acceso a programas de gobierno.
Deambulan de un lado para otro, buscando refugio y comida, generalmente expulsados y obligados a quitarse de los atrios de las iglesias, de los centros comerciales y en general, de cualquier lugar, porque generan miedo y desconfianza. Pernoctan en espacios públicos: en la calle, en un parque, debajo de un puente, en un baldío, en una plaza o en un edificio abandonado.
Tienen mala salud física y mental y están desnutridos, y sí, consumen alcohol y sustancias tóxicas porque ello les permite evadir su realidad, la indiferencia, el rechazo, los maltratos, el miedo, el hambre, el calor, el frío y las agresiones continuas en la calle. El problema es que ello perpetúa su imagen de criminales, generando un círculo perverso y un estigma social, e incluso son violentados y detenidos por la propia policía sólo por su apariencia.
Tienen escasa o nula educación formal. Todos los días enfrentan violencia física y emocional además de ser invisibles para los programas sociales, y más que compasión infunden miedo por su deteriorada presencia física; son uno de los grupos sociales que más agresiones sufre y presenta la mayor mortalidad por violencia. Cada año, en México, mueren cientos de personas en situación de calle por violencia, tráfico, agresiones y negligencia, y la mayoría de los casos no se reconocen como crímenes específicos contra la población callejera, sino como muertes genéricas.
De acuerdo con el Censo de Población en 2020, cuando por primera vez se encuestaron a personas en situación de calle, había en todo el país 5 mil 700 personas en situación de calle y 900 de ellas vivián en la Ciudad de México, sin embargo, la organización El Caracol documenta que tan solo en los primeros nueve meses de 2022, mil personas en situación de calle murieron en México. Para el caso de Jalisco, se estima que en el municipio de Guadalajara habitan alrededor de mil 779 personas en situación de calle.
La realidad es que el problema es mucho más grave de lo que demuestran las cifras oficiales.
Según algunas fuentes, aproximadamente el 65% logra reintegrarse a la sociedad, aunque temporalmente; requieren de apoyo continuo, de redes de soporte para no recaer, de instituciones con programas que permitan una reinserción sostenible.
La problemática es atendida por algunas organizaciones civiles, y la política pública específica para este grupo social es muy reducida. De hecho, no hay una ley o programa federal claro y articulado que reconozca a este grupo como población prioritaria.
Ante la falta de donativos y programas específicos, este grupo de población está fuera de cualquier red de protección sostenible.
En México solo las ciudades de México, Guadalajara, Monterrey, Querétaro y Tijuana tienen programas municipales que atienden el problema, pero se enfocan en atención inmediata, sin un programa completo de reinserción estructural completa que les otorgue empleo y un espacio para vivir, además de un proceso de seguimiento de desintoxicación. Los programas más exitosos a nivel internacional demuestran que el factor decisivo NO ES EL ALBERGUE, sino una vivienda estable. Sin vivienda, casi ningún modelo es sostenible.
En México es muy difícil conseguir donantes para apoyar los programas de reinserción porque los donantes piensan que son un caso perdido, sin embargo, hay ejemplos claros de éxito. Si quieres conocer un poco más de este problema y al mismo tiempo apoyar a “Mi Valedor”, una ONG enfocada en la reinserción y rehabilitación de personas en situación de calle, puedes comprar el libro “Situación de Calle para Principiantes” en la siguiente dirección de internet: https://www.mivaledor.com/…/libro-digital-situacion-de…/
