Esta es la columna semanal número 78 de “La medicina cuestionada” en QuieroTV Guadalajara, México. Las primeras 50 columnas fueron publicadas en un libro recién publicado (1). Y debido a que en las últimas siete semanas he expuesto el tema de la Atención Médica Basada en Evidencia (AMBE) –antes conocida como Atención Médica Basada en Evidencia (EBM) (2)–, en la columna de hoy nuevamente muestro la manera como los médicos generales y familiares resolvemos casos en la vida real. Usaré un ejemplo con los datos relevantes para ilustrar algunos de los conceptos teóricos que le subyacen y que he descrito a lo largo de las 77 semanas.
Un hombre con leve hipertensión arterial
Atendí a un hombre de 42 años que tenía cifras levemente altas de presión arterial. También tenía obesidad, con exceso de 21 kilogramos de su peso ideal; la consulta había sido motivada por dolor de cabeza “molesto” por “exceso de trabajo” (ingeniero a cargo de obras civiles). Terminamos la consulta con las recomendaciones acostumbradas (mejorar la calidad de su alimentación, hacer ejercicio, tomarse el descanso posible, evitarse mayores estresores). Dos meses después la presión arterial estaba un poco mejor, el peso sin cambios, pero ahora tenía un cuadro franco de dolor funcional intestinal. A la semana siguiente, veo en consulta a su única hija de 14 años con intenso dolor abdominal episódico. Físicamente tiene un síndrome de intestino irritable en fase de espasmo y constipación. Ya era claro que factores psicosociales estaban causando respuesta de estrés persistente en dos miembros de una misma familia. El diálogo con el paciente adulto –sin incluir a la chica– llevó rápidamente a entender el contexto. Su esposa le había pedido que se divorciaran en las últimas semanas después de agrias discusiones que su hija había escuchado. Escuché una narrativa de caos (un tipo de narrativa que ya describí en otras columnas), con sentimientos de decepción, rabia, confusión, y elevada incertidumbre del futuro inmediato. En ese momento, lo primero era comprender lo mejor posible –desde la versión del paciente– qué estaba ocurriendo, qué pensaba acerca del origen del desencuentro y cómo estaban manejando su discordia (dis-cordia, quiere decir corazones en distanciamiento, contrario a con-cordia, corazón en armonía). No se trataba de escuchar “activamente”, sino de escuchar plenamente, es decir, sin prejuicios y tratando de sentir las emociones de quien te confía su intimidad. Hay una gran diferencia entre “escuchar activamente” a escuchar plenamente, en esta postura mental el médico se expone a todo tipo de emociones que surgen del paciente. Una vez que pude entender cognitiva y afectivamente al paciente, en este caso dos pacientes padre e hija, y la situación familiar que se describe –según la versión del paciente presente– pude ayudar un poco. Tres semanas más tarde, la chica de 14 años ha mejorado de los síntomas intestinales, y duerme mejor. Pero el papá ha desarrollado un cuadro de herpes zoster del muslo y pie derechos, con intenso dolor. Lo traté conforme lo aceptado científicamente (me apoyo en datos de AMBE), y expliqué que la neuritis herpética es un síntoma más profundo de desajuste de sus sistemas orgánicos; ahora se trata de un síntoma claro de fatiga de su sistema inmune que ya no pudo contener el antiguo virus de la varicela que le enfermó de niño (me apoyo en la ciencia integrada de la psiconeuroinmunoendocrinología. El virus de varicela-zoster hoy ya no le puede causar varicela de nuevo, pero le ha inflamado un nervio intercostal que le puede dejar secuela de dolor por meses o años (caso que muestra la inseparable unidad de mente-cuerpo).
Otros conceptos de medicina general inmersos en el caso
La medicina basada en narrativa, parte sustantiva del método clínico centrado en la persona, implica saber escuchar plenamente, el caos en que vive la persona y que está desorganizado en esta fase. Ser escuchado a plenitud alivia física y mentalmente. La empatía corporal, hace sentir al médico conscientemente el pulso acelerado, la boca seca, los sentimientos de impotencia y demás, que crean una esfera intersubjetiva de comprensión que el paciente capta inconscientemente. La ecuanimidad compasiva del clínico, le permite sentir emociones desagradables y le quita algo del peso afectivo que agobia a su paciente, al mismo tiempo, sabe que esas emociones son únicamente del paciente. Esto le deja espacio para el consuelo sincero y racional (ecuánime), le salen palabras y tonos, postura corporal desde su mente tácita, no tiene que pensar qué decir, le salen las palabras y el tono compasivo que alivia… “Hoy lo veo sufriendo mucho, pero estoy seguro de que en el futuro, si resuelve bien su separación, lo veré fortalecido…”.
Los hijos deben ser protegidos de la discordia conyugal
Este concepto es muy importante. Los adultos deben ser informados con toda serenidad, pero firme, de que la separación entre los padres debe dejar muy claro que NO es una separación de los padres de los hijos. Cuando la discordia conyugal se extiende a los hijos, las consecuencias solo pueden ser peores para los padres y los hijos. Aquí, usamos lo que la investigación social ha mostrado acerca del impacto de la discordia conyugal (nótese que no hablo del divorcio), dado que con o sin divorcio lo que daña a los adultos y niños es la discordia y sus sentimientos y acciones (3). En el caso que relato se ve claramente el concepto del diagnóstico profundo (contextual) de la persona. De hecho, cuando el problema clínico persiste, sea agudo o crónico, cuando lo crónico se descompensa, siempre hay un contexto detrás que debe buscar conocerse. También es clara la importancia del principio de la continuidad de la atención médica. Si cada paciente hubiera sido visto por médicos diferentes sería más difícil comprender la situación global por la que pasa cada paciente y la familia.
Las determinantes estructurales
Hay una versión de la medicina centrada en la persona que no tiene raíces filosóficas en la medicina general, esa visión de persona-cliente no quiere saber de causas estructurales y ecológicas, su objetivo es hacer que el sistema de atención de la enfermedad fluya como en la industria de la producción industrial y los ciclos de consumo incesantes. No es el caso de la medicina centrada en la persona que tratamos en “la medicina cuestionada”. En el caso que relato, y otros que he conocido, la separación de dos personas en discordia crónica con hijos pequeños se ve obstruida por los factores determinantes de orden económico. Hay una sola casa, si acaso la gente tiene una, un ingreso económico limitado, ingentes necesidades de gasto corriente, ausencia de estructuras de servicios legales y de salud universal, entre otros. Todos estos factores están inmersos en un proceso de discordia, separación y divorcio legal. El médico general no puede asumir el papel de consejero legal, trabajador social, institución financiera, consejería juvenil, sistema escolar…Queda muy claro que se requiere de la colaboración institucional interdisciplinar en muchos de los complejos casos que atiende un médico general, y que el ejercicio privado de la medicina no es de forma alguna capaz de atender. También trato de ilustrar que el concepto familia constituye un grupo social intermedio entre las estructuras macrosociales (donde incluyo a las culturas y subculturas) y los individuos que conviven y se desarrollan en los grupos familiares (4).
Conclusión
La medicina general tiene grandes posibilidades para ayudar a la población a comprender que las relaciones sociales, en especial las más cercanas, fortalecen o debilitan nuestros sistemas orgánicos (explicado cuando hablamos de psico-neuro-inmuno-endocrinología PNIE), su efecto en la salud-enfermedad es global, no específico de una enfermedad u otra. Debe saberse que en la familia son especialmente importantes estos efectos, en sentido sanador o patogénico. Y también debe saberse que una sociedad y cultura cruel, racista, sexista, clasista, injusta, depredadora, una ciudad donde el tráfico diario del hogar a la escuela o el trabajo sea un peligro en sí mismo… generan enfermedad; y que las acciones preventivas y generadoras de salud a ese nivel están en la organización colectiva y democrática. Cada fraude, manipulación electoral, cobertura de políticos corruptos, todo el crimen organizado… son profundamente patogénicos (generadores de enfermedad). Esto que ahora digo, fue expresado a toda voz por el ilustre Rudolf Virchow a finales del siglo XIX: “La medicina es una ciencia social y la política no es más que medicina a una escala más amplia” (5). Ojalá que el gobierno federal actual tome muy en serio la formación de un médico general mexicano renovado para sustentar el Servicio Nacional de Salud del Gobierno de México recién anunciado por la Presidencia de la República, de otra manera veo muy difícil que el nuevo SUS haga diferencia en la salud de nuestra población (6).
Referencias
(1) Ramírez-Villaseñor, I. (2026). Una defensa humanista y científica de la medicina familiar/general. Madrid: Universo de Letras. Editorial Planeta.
(2) Wieringa, S., Engebretsen, E., Heggen, K., & Greenhalgh, T. (2017). Has evidence‐based medicine ever been modern? A Latour‐inspired understanding of a changing EBM. Journal of Evaluation in Clinical Practice., 1-7.
(3) Campbell, T. L., Bray, J. H., & Schooley, S. (1993). The family’s influence on health. En R. E. Rakel, Essential of family practice (págs. 32-48). Philadelphia: W.B. Saunders.
(4) Louro-Bernal, I. (2003). La familia en la determinación de la salud. Revista Cubana de Salud Pública, 29(1), 48-51.
(5) https://biopolitica.net/2018/12/11/virchow-medicina-social-como-biopolitica/#:~:text=Rudolf%20Virchow%20(1821%2D1902)%20es%20considerado%20uno%20de,las%20condiciones%20necesarias%20para%20una%20existencia%20saludable.
(6) https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5785257&fecha=17/04/2026#gsc.tab=0