Morena ha logrado algo que pocos movimientos políticos en la historia de México pueden presumir, una expansión territorial vertiginosa. Desde su irrupción como fuerza dominante con la victoria de Andrés Manuel López Obrador en 2018, nuestro partido ha conquistado gubernaturas, congresos locales y municipios a lo largo del país. El mapa político, cambió de color.
Desde el 2024, bajo el liderazgo de la PresidentaClaudia Sheinbaum Pardo, a nivel federal se está consolidando un modelo de gobierno que combina disciplina administrativa, expansión de derechos sociales y una visión de Estado más activa. La continuidad en el combate a la pobreza através de programas sociales ampliados que como sabemos han sacado ya a 13 millones de Mexicanos de la pobreza extrema, el fortalecimiento sostenido del salario mínimo, y una agenda de reformas que abarca: seguridad e inteligencia; salud, movilidad y trenes; relaciones exteriores y TEMEC; política interior, política fiscal contra factureros; viviendasocial para jóvenes y fin a viejos créditos impagables, el sistema electoral, apuntan a un rediseño de la vida pública que corrige desigualdades históricas y recupera la rectoría pública sobre los recursos del estado que se encontraban en manos privadas como las concesiones de agua acaparadas. La clave de ese proceso ha sido no solo la formulación de políticas, sino su ejecución con criterios de orden, eficacia y énfasis en desmontar el estado neoliberal.
Por tanto, el gran reto de nuestro movimiento en los estados y municipios, donde se gobierna, es que los barcos locales naveguen en la misma dirección y con la misma velocidad con que lo hace el barco presidencial. Ya que a nivel lo local sino setransforma el poder pierde el sentido ganar elecciones.
La pregunta de fondo no es ¿Cuántos municipios gobiernan hoy Morena? sino ¿Qué tipo de poder ejerce en ellos?
En varios lugares, Morena construyó sus victorias no desde sus cuadros comprometidos con su programa, sino mediante la incorporación pragmática de personajes vinculados a grupos políticos preexistentes: dirigentes y operadores territoriales curtidos en una ideología política contraria al movimiento y grupos locales con profundo conocimiento de los mecanismos informales del poder que históricamente hemos combatido.
Esto plantea una cuestión más profunda sobre la naturaleza del cambio político ¿Puede una transformación local ser auténtica, si depende de los mismos actores que se beneficiaron del orden anterior? ¿Puede haber ruptura cuando los incentivos, las redes y las prácticas permanecen intactas?
Se ganan elecciones, pero no hay cambios en las instituciones. Se obtiene el mandato electoral, pero no se consolida la transformación de la ética pública.
La historia política no suele juzgar a los movimientos por la amplitud de sus victorias electorales, sino por el impacto consciente, auténtico y positivo hacia la calidad de vida de todos los habitantes, -dignificar los servicios básicos, regresar la seguridad, apostar por un proyecto de primer nivel, sensible y empático de cercanía a la gente y que sin duda, Guadalajara cuenta ya con todos los recursos para hacerlo posible- el desafío para Morena en Jalisco y Guadalajara es entonces, demostrar que su expansión territorial no es simplemente una redistribución de poder entre élites, sino un paso real hacia su democratización.
Jalisco, es un estado con una élite local sofisticada, con redes de poder profundamente enraizadas y con una cultura política que ha sabido adaptarse y sobrevivir a distintos ciclos partidistas. Cualquier intento de expansión que subestime esa realidad corre el riesgo de repetir la historia reciente que esganar posiciones sin transformar las estructuras que las sostienen.
Para Morena, el reto en Guadalajara no es solo competir, sino definir con claridad el tipo de gobierno que se quiere construir. ¡Apostar por cuadros solidos ideológica y políticamente! ¡Por la coherencia política y orgullosa de nuestras raíces! que encarnen una transformación auténtica, real, palpable, que rompan y destruya las complicidades, los repartos y sus autobeneficios. El otro panorama es recurir al pragmatismo, restaurar el Panismo, el Priismo o el Alfarismo -En terapia intensiva. –
Si Morena aspira a gobernar Guadalajara, la pregunta no es solo ¿Con quién puede ganar?, sino ¿Quién tiene la capacidad de renovarla? Y esa distinción es la que separa a los proyectos que administran el presente, de aquellos que realmente buscan transformar nuestra ciudad, con una renovación social que genere paz y tranquilidad en nuestros hogares y familias.
Por todo lo anterior, convoco a mis compañeras y compañeros, protagonistas del cambio verdadero y defensores de la transformación, a que llevemos esta reflexión a los seccionales, a las colonias, a los círculos de estudio, a los distritos y decidamos ¿Qué queremos para la gente de Guadalajara? Regresión o Regeneración.
¡Porque a la sociedad tapatía le urge querenovemos nuestra ciudad!