La etiqueta de “Narcomorena” trascendió la consigna para volverse un expediente judicial internacional. La penetración del crimen en el partido oficial acecha la legitimidad de Claudia Sheinbaum. El rastro de estas alianzas inconfesables configura un sistema de poder donde la línea entre la política y el delito es difusa.
El caso del senador Carlos Lomelí Bolaños es un ejemplo de ello. Ocupa un escaño siendo un criminal confeso ante la justicia de EE. UU. Según consta en la sentencia de la Corte de Distrito para el Distrito Oeste de Texas (Caso EP-10-CA-379-FM), Lomelí firmó un consentimiento para la confiscación de sus bienes tras ser vinculado con el tráfico de precursores para metanfetamina. Entregó al Departamento del Tesoro dos millones 656 mil 622.91 dólares para evitar la prisión. El juez Frank Montalvo selló este acuerdo que permitió al hoy legislador comprar su libertad, pero su historial judicial es inamovible.
El caso del gobernador Rubén Rocha Moya revela un “modus operandi” de captura institucional. No se trata solo de vínculos personales, sino de la entrega de áreas clave de gobierno al servicio de la delincuencia. Rocha Moya habría colocado a su enlace directo con “Los Chapitos” en la Secretaría de Finanzas de Sinaloa. En Jalisco, Lomelí operó para imponer a su protegido, Diego Rivera, primero como candidato y luego como alcalde de Tequila. En ambos casos, la protección a los criminales era norma. La policía municipal de Culiacán y de Tequila obedecían los intereses del crimen.
México y la presidenta Sheinbaum tienen en Donald Trump y su gobierno a un aliado involuntario. La presión de Washington ofrece el pretexto perfecto para deshacerse de los nefastos acuerdos pactados por su antecesor. Las licencias de Rocha Moya y del alcalde de Culiacán son pasos necesarios en ese sentido. La soberanía nacional no puede ser el escudo de la delincuencia. El antecedente del general Salvador Cienfuegos advierte que el rescate político de figuras señaladas tiene un costo de credibilidad inasumible. Asimismo, la irrupción de la CIA en Chihuahua para desmantelar laboratorios de fentanilo evidencia un vacío federal que las agencias extranjeras están llenando ante la inacción del Estado.
La presidenta debe elegir entre la cirugía mayor o la agonía por complicidad. La advertencia póstuma de Porfirio Muñoz Ledo a López Obrador adquiere hoy su máxima relevancia: “El pacto con la delincuencia organizada no es heredable”. La autonomía de Sheinbaum se definirá por su capacidad para desligarse de un pasado que hoy la acecha. Mantener en sus filas a personajes con el historial de Lomelí o Rocha Moya condena al gobierno a la etiqueta de un narco-Estado ante los ojos del mundo. Entender al narcotráfico como un enemigo común en ambos lados de la frontera permite actuar con dignidad diplomática y firmeza interna. La verdadera soberanía exige expulsar del poder a quienes vendieron la tranquilidad de México a las mafias.