La etapa central del cohete Space Launch System (SLS) llegó al Centro Espacial Kennedy en Florida para iniciar su ensamblaje rumbo a la misión Artemis III, prevista para 2027

La etapa central del cohete Space Launch System (SLS) llegó al Centro Espacial Kennedy en Florida, marcando el comienzo del proceso de ensamblaje para la misión Artemis III, programada para finales de 2027. Este hito logístico representa un avance clave en el programa lunar de la agencia espacial estadounidense.
El SLS, descrito como el cohete más potente jamás construido por la NASA, cuenta con una etapa central de aproximadamente 65 metros de altura.

Esta estructura incluye dos tanques de propulsor con capacidad para más de 280.000 litros de combustible líquido superenfriado. Una vez ensamblada en el Edificio de Ensamblaje de Vehículos, se integrará con los motores RS-25 y los propulsores sólidos, que aportarán más del 75% del empuje durante el despegue. Estos propulsores, fabricados por Northrop Grumman y transportados por tren desde Utah, ya se encuentran en el centro junto con los demás componentes para su inspección, ensamblaje y pruebas en condiciones extremas.
Las computadoras de vuelo coordinarán todas las fases del ascenso, mientras que la cápsula Orión, procedente de la misión anterior, se somete a un proceso de desmantelamiento detallado. Los técnicos extraen cargas útiles, analizan el escudo térmico —mejorado con 186 bloques de Avcoat— y recuperan datos para optimizar futuros vuelos.
Artemis III, que da continuidad al éxito de Artemis II —la primera misión tripulada en más de medio siglo que orbitó la Luna y regresó a la Tierra en abril—, ha sido rediseñada. En lugar de un alunizaje directo, su enfoque principal será probar encuentros y acoplamientos en órbita terrestre entre la cápsula Orión y los módulos de aterrizaje comerciales desarrollados por SpaceX (Starship) y Blue Origin (Blue Moon). Esta prueba de interoperabilidad es esencial para preparar las misiones Artemis IV y V, que contemplan el alunizaje tripulado en 2028.
La estrategia busca reducir significativamente los intervalos entre misiones. Mientras el lapso entre Artemis I y II fue de 3,5 años, el objetivo es acortar ese tiempo a unos 10 meses. Esto maximiza el uso del SLS y las capacidades de los socios comerciales, adaptándose a los avances tecnológicos. La NASA enfatiza la necesidad de que los módulos realicen aterrizajes no tripulados exitosos, regresen a la órbita lunar y demuestren transferencia de combustible criogénico en órbita, junto con sistemas de soporte vital adaptados.