La nueva presidenta de Morena, Arianda Montiel, lanzó su primer golpe: exige juicio a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, a quien acusa incluso de traición a la Patria. Es la primera y más contundente prueba de que su tarea no es sólo la elección 2027.
Al publicar esta exigencia en sus redes sociales, la nueva presidenta de Morena confirma su alianza con el gobierno de Claudia Sheinbaum y establece una postura contundente: no será una funcionaria de partido en la sombra ni en el margen de la discreción. Si antes no se le conoció por ser una funcionaria protagónica, hoy está dispuesta a entablar una lucha de frente contra la oposición.
Ariadna Montiel, quien ya sorprendió al rendir protesta como presidenta de Morena y anunciar que se cuidarán todas las formas y no se entregarán candidaturas a quienes sean sospechosos de tener nexos con la delincuencia aunque ganen las encuestas, muestra en este primer saque que no se conformará con los discursos.
El problema de fondo es que mientras la presidenta Sheinbaum aprovecha sus apariciones públicas para levantar la bandera de la soberanía y defenderse de los “ataques extranjeros”, la nueva dirigente del partido en el gobierno asume también una postura beligerante: eso significará más polarización dentro del país y un choque frontal con Estados Unidos.
El tema no es sencillo ni pasajero: las acusaciones contra Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios y exfuncionarios, no se van a diluir con el paso del tiempo. De hecho, apenas ayer al presentar su ruta de combate al narcotráfico para este año, desde el gobierno de Estados Unidos le exigieron al gobierno mexicano un combate más frontal y efectivo al crimen organizado y las actividades del narcotráfico, y eso debe incluir detenciones, extradiciones y destrucción de laboratorios clandestinos de producción de drogas, porque incluso el fentanilo será considerado un “arma de destrucción masiva”.
Igual que lo hizo cuando exigió pruebas contundentes para acusar a Rocha Moya, la presidenta Sheinbaum, y ahora la dirigente nacional de Morena, le hablan “a la tribuna”, a los simpatizantes de la “cuarta transformación”.
Sin embargo, todo parece indicar que la presidente cooperará con las autoridades estadounidenses en acuerdos que no se hagan públicos, y Ariadna Montiel defenderá al partido y al gobierno federal en el discurso, aunque en la práctica será una de las principales persecutoras de los morenistas sobre los que pese la sospecha de la colaboración con la delincuencia.
El tiempo ofrecerá las muestras de lo que ocurra.