Datos recientes indican que la capital registra hundimientos de hasta 2 centímetros mensuales, lo que la coloca entre las ciudades con mayor subsidencia en el mundo, un fenómeno detectable incluso desde el espacio.

Datos registrados entre octubre de 2025 y enero de 2026 indican subsidencia de hasta 2 centímetros mensuales en distintas partes de la capital, posicionándola entre las ciudades que se hunden con mayor rapidez a nivel mundial. El fenómeno es visible desde el espacio gracias a las mediciones precisas del radar satelital.
Una de las zonas más afectadas es el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, donde el descenso continuo del terreno genera desafíos históricos para la infraestructura. Entre los efectos visibles reportados se encuentran calles y carreteras agrietadas, edificios inclinados, daños en líneas ferroviarias, deformaciones en banquetas y tuberías, así como desniveles en construcciones históricas.
Un ejemplo emblemático es el Ángel de la Independencia, monumento de aproximadamente 35 metros de altura inaugurado en 1910. Debido al hundimiento gradual, se han añadido 14 escalones en su base para compensar el descenso del terreno circundante. El problema se documenta desde la década de 1920 y ha avanzado con el aumento de la demanda hídrica y la expansión urbana.
La Ciudad de México se asienta sobre un antiguo lecho lacustre de alta altitud, con un acuífero subterráneo que suministra alrededor del 60% del agua potable para más de 22 millones de habitantes. La sobreexplotación ha extraído durante décadas más agua de la que el sistema puede recargar naturalmente, provocando la compactación del suelo rico en arcilla.
Entre los principales factores destacan la sobreexplotación del acuífero, el crecimiento urbano acelerado, el peso de nuevas construcciones e infraestructura, la composición arcillosa del suelo y la reducción natural de humedad en el subsuelo. Esta extracción excesiva también agrava una crisis hídrica persistente, elevando el riesgo de un posible “día cero” en el abastecimiento.
El satélite NISAR, uno de los proyectos de radar espacial más avanzados, fue diseñado para detectar movimientos extremadamente pequeños en la superficie terrestre, incluyendo subsidencia, deformaciones por terremotos, glaciares, actividad volcánica, análisis de cultivos y cambios ambientales a gran escala. David Bekaert, gerente de proyecto en el Instituto Flamenco de Investigación Tecnológica y miembro del equipo científico de NISAR, destacó que “la Ciudad de México es un punto crítico bien conocido cuando se trata de subsidencia, e imágenes como esta son solo el comienzo para NISAR”.
Especialistas advierten que el hundimiento genera cambios permanentes en el subsuelo que no pueden revertirse fácilmente. Aunque diversas administraciones han implementado estrategias para mejorar el abastecimiento y reducir la presión sobre el acuífero, el continuo crecimiento urbano y la alta demanda hídrica representan desafíos persistentes.