Hay circunstancias en las que la familia convencional tiene cambios significativos, y la nueva conformación de la familia queda con un solo padre, la abuela y los hijos. Este es el tema que mencionaré hoy. Conozco varios casos en los que las abuelas se convierte de nuevo en madres, pero ahora de sus nietos; por eso titulo la columna “compromiso de amor”. Nace del amor no solo por su propio hijo o hija, sino por los nietos.
Las abuelas cuidadoras de nietos con discapacidad representan un pilar invisible pero fundamental en la estructura familiar contemporánea. Su labor trasciende el rol tradicional de consentimiento y cariño, convirtiéndose en figuras de apoyo logístico, emocional y terapéutico que permiten la sostenibilidad del hogar ante las demandas excepcionales que implica la discapacidad de uno de los hijos de la familia.
Muchas abuelas aún están en edad productiva; su vida es menos ajetreada por ya no tener que cuidar hijos. De improvisto, las circunstancias las obligan a combinar la actividad laboral con los cuidados de los nietos. En otros contextos, hasta se ven ante la necesidad de dejar su trabajo u olvidarse del descanso que les había traído la jubilación.
Su vida se transforma en una jornada de cuidados intensos, mamás-abuelas ya sin las mismas fuerzas, ni ánimo. Además, los tiempos cambian y hay que reaprender a ser padres otra vez y de forma distinta.
Ellas asumen con amor este nuevo papel polifacético. Actúan como acompañantes en terapias, consultas médicas, ejecutoras de ejercicios de rehabilitación. Tienen que volver a llevar y recoger a los nietos a la escuela y en algunos casos, incluso vuelven a la tarea de ser amas de casa, guardianas de la rutina diaria.
Aun con todas estas agravantes, ellas asumen el compromiso con una profunda solidaridad intergeneracional, buscando aliviar la carga del padre o la madre que por el divorcio se ha quedado al cuidado de los hijos con la única intención de garantizar una mejor calidad de vida para sus nietos.
Estas valientes abuelas cuidadoras son resilientes. Su entrega asegura que los niños con discapacidad crezcan en un entorno de amor y seguridad; lo importante será que el papá o la mamá de la familia apoyen al 100%, que sea una responsabilidad compartida, incluso con los nietos para cuidar de quienes cuidan, asegurando que su generosidad no ponga en riesgo su propia salud y dignidad.
Estamos próximos al 10 de mayo. Ya dedicaremos una columna a las mamás, solo que hoy quise resaltar la labor de las abuelas cuidadoras o como prefiero decirlo porque es más real, abuelas-madres. Visibilicemos este compromiso que asumen con tanto amor, sobrellevando y sorteando las muchas dificultades que se presentan.