El calor agobia, la sequía arrecia, la temporada de estiaje golpea con fuerza a prácticamente toda la república mexicana y Jalisco no es la excepción. Mientras en otros lugares la gente mitiga con un buen baño el calorón, en Tlajomulco de Zúñiga, una buena parte de la población no se puede dar semejante lujo porque no tiene agua, porque le llega muy poca, o porque de plano la que llega está muy sucia. ¿Por qué?
¿Será normal que en Tlajomulco, una de cada tres familias que habitan el municipio se encuentre sin agua? No, no lo es. ¿Será normal que otro tanto de familias tenga que sobrellevar sus actividades cotidianas con un mínimo del líquido porque sólo les llega unas cuantas horas al día, a veces por la madrugada? No, no lo es. ¿Será normal que las familias que sí reciben con regularidad el abasto de agua, tengan que lidiar con que esté en mal estado, con mal olor, evidentemente contaminada? No, no lo es.
Sin embargo, aunque esto no tiene nada de normal, es la triste realidad que padecen todos los días miles de familias tlajomulquenses, sobrellevando la vida entre el desabasto, el abasto irregular y el agua contaminada. Como si no bastara la saturación brutal de las vialidades, la falta de transporte público digno, las calles en pésimo estado, nuestra gente agrega a este cúmulo de problemas la falta de agua potable, y la pregunta que en automático brota a la mente es, ¿por qué?
¿Será porque el municipio carece de agua? No, ese no parece ser el problema. ¿La culpa es del pésimo servicio que brinda el SIAPA? Sólo en una pequeña parte. En la mayoría del territorio es el municipio el que brinda directamente el servicio de agua potable y alcantarillado. ¿Entonces? El problema parece estar en la regulación, la infraestructura y el mantenimiento que, por décadas, fue olvidado por las administraciones municipales anteriores que se hicieron de la vista gorda dando permisos de construcción a diestra y siniestra sin contemplar jamás la crisis de agua que, por su irresponsabilidad, estaban creando.
Hoy el municipio está atiborrado de fugas, tanto de agua potable como de aguas negras. Mientras las casas no tienen líquido, éste se desperdicia por las calles; mientras las casas están en sequía, en las calles, ríos de aguas negras fluyen amenazando la salud de la población, ante un sistema que a todas luces está rebasado y no cuenta con los recursos suficientes para desarrollar una solución que atienda el problema de raíz, no sólo cubriendo las amenazas más apremiantes.
Reitero, este problema viene de larga data, no se gestó en la administración actual, fueron décadas de olvido institucional que nos llevaron a la magnitud del problema que hoy tenemos, pero el momento de atenderlo es ahora y se requiere de la participación conjunta y organizada tanto del gobierno municipal, como del estatal y la federación, no hay otra forma de salir de la encrucijada.
El agua es la clave del desarrollo urbano sostenible; sin esto, todo es quimera, ilusión y promesa vana. Tlajomulco está en una encrucijada que deteriora la calidad de vida de cientos de miles de personas. ¿Seguiremos pateando el bote? Espero, por el bien de todas y todos, empezando por los más pobres, que no.