Clima
25ºC
10 mayo 2026
Ismael Ramírez
Ismael Ramírez
Especialista en Medicina Familiar. Maestro en Farmacología. Dr. en Investigación Psicológica

Cuando muere un ser emocionalmente muy cercano

9 mayo 2026
|
05:00
Actualizada
07:25

Lo que voy a relatar es el resultado de la unión de práctica clínica con personas reales, más lecturas de calidad internacional, conversaciones con colegas y profesores de distintas áreas. La unión de teoría y práctica constituye el concepto praxis, que incluye el pensamiento reflexivo con el principio de aprender toda la vida para servir a los demás.

Entro al tema: ¿Qué puede ocurrir en la mente de los deudos cuando fallece una persona muy cercana emocionalmente?

¿Doctor, usted cree en fantasmas?
Al principio de mi práctica no tenía idea de que las preguntas de los pacientes son mucho más que palabras objetivas reunidas conforme reglas gramaticales. En ese entonces yo solía responder al estilo de: “no, la verdad no creo en la existencia de fantasmas… mi mamá me decía que me cuidara de los vivos”. Tardé años en darme cuenta de que no estaba escuchando plenamente a mis pacientes. Escuchar plenamente quiere decir exponerse a las emociones y sentimientos del paciente y llegar a los significados que hay detrás de las palabras.
A través de la escucha plena pude aprender que había personas que pensaban que estaban perdiendo la razón porque percibían vívidamente la presencia de un ser cercano recientemente fallecido. Varias de estas personas estaban siendo tratadas con antidepresivos porque según algunos psiquiatras “tenían un duelo no resuelto”, depresión, y otras etiquetas biomédicas.
Empecé a aprender de mis pacientes

Cuando empecé a escuchar exponiéndome a los sentimientos de las personas, escuché relatos de personas que veían, sentían el tacto, escuchaban la voz de sus seres fallecidos. Ocurría en casos donde el fallecido (a) era una persona muy amada y a la que se extrañaba sobremanera, como en casos ligados a emociones muy negativas. El punto en común era la intensidad de las emociones ligadas al fallecido; ya expliqué qué son las emociones y sentimientos desde la neurociencia, la psicología y la sociología (1).

Las percepciones que relato eran más intensas cerca del momento de despertar en las mañanas; se distinguían de los sueños o pesadillas, y también ocurrían por las tardes, anocheceres. A veces se veía por instantes al ser fallecido en su sillón favorito mientras leía el periódico; a veces se le escuchaba como si hablara desde la cocina; creía vérsele en el jardín. Las personas a veces se habían atrevido a platicarle a otro familiar o a un amigo de confianza. Algunas personas llegaron a decirle a mis pacientes que “estaban perdiendo la cabeza”, y a veces era el paciente mismo quien pensaba eso. Dado que es muy difícil consultar a un médico “para saber si me estoy volviendo loco”, la consulta puede ser del tipo de “a propósito doctor”. (2)

No, no está perdiendo la cabeza, tampoco se está volviendo loca. Es algo natural lo que le pasa e irá desapareciendo poco a poco

El aprendizaje que voy a relatar es producto del azar (serendipia se le dice en ciencia), los factores que identifico son mi historia de vida y las afortunadas lecturas de varios de los libros del neurocientífico Antonio Damasio (3, 4, 5, 6) y del médico que creó el concepto de síndrome de estrés postraumático Bessel van der Kolk (7). No fue aprendido en la escuela de medicina ni en la especialidad de medicina familiar.

Mi explicación del fenómeno que describo es que nuestra mente-cuerpo nos muestra imágenes visuales, auditivas, táctiles, olfativas que están registradas en nuestra historia de vida ligadas a emociones intensas con el ser o seres fallecidos que tuvieron y tienen intensas emociones y sentimientos en nuestro ser. Se trata de “mapas sensoriales” que se crean espontáneamente y nos hacen sentirnos como si realmente estuviéramos viviendo el momento pasado en todo su esplendor, sea en sentido agradable como desagradable. Estas recreaciones “como si” son ampliamente documentadas por Antonio Damasio en sus libros. De hecho, en la empatía profunda, a veces logramos sentir el dolor, o la alegría de otros. Sabemos bien que las llamadas “neuronas en espejo” se activan al ver o imitar a otros.

Pienso que el fenómeno que describo es como “volver a vivir” momentos pasados y que el procesamiento no está bajo nuestro completo control voluntario. En otras palabras, no son fenómenos extrasensoriales o de otra dimensión psíquica. Sino una demostración de las capacidades del cuerpo-mente en íntima relación con nuestras experiencias significativas de vida. Con estos procesos logramos que nuestros seres queridos no desaparecen del todo mientras nosotros vivamos. Lamentablemente, ocurre lo mismo con los seres más terribles con los que nos hayamos cruzado en la vida; tal vez en este caso los recordamos como recurso para la sobrevivencia y evitar a personas semejantes.

La pista que mi madre me dio para tratar a mis pacientes

Mi madre me enseñó muchas cosas, algunas sin saberlo. Al respecto del tema de hoy, la pista que me dio fue en una ocasión cuando estábamos platicando y recordó aquella tarde en mi pueblo. Yo tendría unos 6 o 7 años. Relató un terrible momento, unido a una rabia y rencor muy intensos, cuando mi padre –obrero migrante en EE.UU. durante una temporada con nosotros– pasó frente a nuestra casa en su auto azul con placas de California, iba con él una mujer “de la vida galante”… Mi madre recordaba el momento ocurrido unos 40 años antes con una precisión equivalente a un video tridimensional. Mi mamá recordaba la hora del día, los colores, las sombras a esa hora de tarde, las personas que estaban en la escena… sin duda seguía viviendo el momento traumático. Fue tan vívido el recuerdo que yo percibí en mi mente la escena; no olvidaré nunca el auto azul marca Chevrolet, que tenía una especie de alitas traseras. Es un clásico de 1960.

Como dije, la experiencia con las intensas memorias vívidas por mi mamá, que yo podía confirmar en primera persona, me permitió repetidas experiencias con mis pacientes y me di cuenta de que cuando había empatía profunda en sentido cognitivo, afectivo, entendido como compasión ecuánime, los pacientes me transmitían imágenes que yo comunicaba a las personas; ellas me corregían errores de interpretación en ciclos hasta componer una imagen mutua compartida. Fue entonces cuando comprendí que podría aprender un mundo de cosas de cada persona; eso me hizo profundizar en posibles métodos para la educación emocional específica, para el ejercicio de la medicina general. Creo que la ecuanimidad compasiva es un concepto sólido y que puede ser enseñado y aprendido por quienes quieran profundizar en su autoconocimiento para servir a sus pacientes. Y que el proceso por el que pasan los pacientes que tienen vívidas percepciones multisensoriales –estando despiertos– en conexión con seres cercanos, puede ser explicado de manera coherente y compasiva; esto logra un gran alivio y eleva el autoconocimiento de cada uno.

Conclusión

El siglo XXI y su incesante crecimiento del sufrimiento mental requiere de médicos generales que siendo el primer contacto dentro del futuro Servicio Nacional de Salud, desarrollen sus propios métodos efectivos, aplicables en su espacio, para atender la creciente epidemia de salud mental en México. Uno de ellos es el fenómeno que acabo de relatar.

Advertencia

Debe quedar claro que lo relatado vale para el caso de personas adultas con percepciones razonablemente comunes. No puede aplicar a personas con demencia o trastornos psicológicos severos como esquizofrenia. Tampoco aplica a niños en sus sensibles etapas, antes de los 2 años (sin conciencia del yo como ser individual), antes de los 4 años (cuando todavía no entienden que piensan y que otros tambien piensan), y antes de los 8 años (cuando la distinción entre fantasía y realidad objetiva están en proceso apenas). Y no aplica tampoco en adolescentes que pasan por procesos de adaptación complicados, o usan sustancias alucinógenas. Como se ve, la medicina general no equivale a algo simple como clasificar etapas según algún ciclo de vida de las familias.

Referencias

(1) Ramírez-Villaseñor, I. (2026). “Una defensa humanista y científica de la medicina familiar/general”. Madrid: Universo de Letras. Editorial Planeta.
(2) https://quierotv.mx/2026/02/14/la-consulta-a-proposito-doctor
(3) Damasio, A. (2003). “Looking for Spinoza: Joy, sorrow and the feeling brain”. Orlando., Florida: Harcourt.
(4) Damasio, A. (2012). “Self comes to mind. Constructing the conscious brain”. London: Vintage.
(5) Damasio, A. (2015). “El error de Descartes. Emoción, la razón y el cerebro humano”. México: Planeta.
(6) Damasio, A. R. (1994). Emotions and feelings. En A. R. Damasio, “Descartes’ Error. Emotion, reason, and the human brain”. (págs. 127-164). New York: Avon Books.
(7) Van der Kolk., B. (2015). “El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma”. Barcelona: Eleftheria S.L. .

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
Logo Quiero Tv
Canal de televisión que trasmite contenidos de noticias, deportes y entretenimiento por sistemas de paga desde 1994 y ahora por señal abierta en el canal 10.1 para el Área Metropolitana de Guadalajara.
Redireccion a facebook Quiero Tv
Redireccion a X Quiero Tv
Redireccion a instagram Quiero Tv
Redireccion a youtube Quiero Tv