Mal, mal, mal, por donde se le vea. Difícil no abordar el tema (aun cuando ha sido tratado por propios y extraños casi de manera exhaustiva) porque lo que Isabel Díaz Ayuso vino a hacer a México es un despropósito calificado ya de ridiculez, de afrenta, de desastre.
Entre otras cuestiones, me llaman poderosamente la atención las reacciones en España. La presidenta de la comunidad de Madrid ha sido llamada “vividora, cachonda, fanática” a propósito del viaje “cutre” y “bazofia” que hizo a nuestro país y tuvo que suspender de manera abrupta. Y, a propósito de esos discursos con los que, dicho sea de paso, coincido plenamente, me pregunté cómo es que esa política, sobre quien no he escuchado nada, pero nada bueno ni notable, ganó elecciones para llegar a ese puesto.
La sorpresa ha sido mayúscula: resulta que ha ganado tres elecciones consecutivas en estos procesos que incluyen comicios adelantados y, después de gestiones severamente cuestionadas por los actos de corrupción que se le atribuyen y sobre los que no hay información (por ejemplo de los 18 viajes al extranjero y los costos con cargo al erario de la comunidad de Madrid, salvo este a México que ha costado más de 300 mil euros, es decir, alrededor de seis millones 145 mil pesos); así como por omisiones y malas decisiones en la atención de problemas cotidianos como transporte, salud y educación, se apresta a competir en las siguientes elecciones autonómicas que serán en 2027 para reelegirse por otro periodo de ocho años.
Llegó con alianzas y, al paso del tiempo, para la tercera elección ya no las necesitó, específicamente con Vox, una fuerza política española de ultraderecha declarada. Es claro que en España tienen sus propios procesos y conflictos internos, pero lo cierto es que Díaz Ayuso ha sido señalada por asuntos de mal manejo y de falta de transparencia, pero hasta ahora no se ha procedido judicialmente en su contra, antes bien, la última elección la ganó de manera holgada y logró mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid, el equivalente a un Congreso local acá en México.
Hay que ver qué pasa porque además de este fracaso rotundo, ha sumado en los últimos meses una serie de actividades con propósitos muy claros pero fallidos, incluso para gente de derecha como su participación en la reunión aquella con Donald Trump, en Mar a Lago, donde aparte de otorgarle un premio al individuo naranja que asola el mundo, le dedicó los peores conceptos a México y a la presidenta Claudia Sheinbaum.
También le entregó un reconocimiento, no sé por qué, a Javier Milei, el argentino, que parece que tiene como función cargarse a su país y a sus ciudadanos.
Y en esta visita a México, para no extenderme en los desaciertos aquí y más allá de las fronteras de su comunidad, vino con un discurso que prácticamente nos ubica a los mexicanos como salvajes odiadores, de la mano de Nacho Cano, cuyo musical tergiversa y falsea, por supuesto no está bien documentado y trata de exaltar y romantizar una historia real que no da para eso, ni tantito.
La ignorancia de Díaz Ayuso es supina y me parece muy importante referirme a algunas cuestiones históricas, por ejemplo, el hecho de que escriba y remarque México con j. Sus argumentos se basan en el “Diccionario de la Real Academia de la Lengua”, no obstante, en el mismo diccionario se recomienda que se escriba con equis; aunque reconoce como válida la forma con jota. Bien, vamos por partes. Cuando llegaron los españoles a México, no había en el castellano una letra que pudiera representar el sonido de México como lo pronunciaban los mexicas; y los cronistas de entonces discurrieron que la equis funcionaría. Uno de los documentos más antiguos escrito por Diego de Durán escribe mexicano así, con equis. El Códice Durán fue escrito entre 1579 y 1581, el siglo de la Conquista, a sesenta años de distancia, más o menos. Incluso en el primer “Diccionario de Autoridades” de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) que se publicó entre 1726 y 1739, la referencia a México es así, con equis, en algunas entradas con tilde y en otras sin ella. Dos siglos más tarde.
Fue hasta el diccionario de 1822 que se cambió la equis por la jota, por decisión de la RAE, en un hecho que motivó a fray Servando Teresa de Mier a escribir una defensa de la equis y a pedir a los políticos de entonces que no escribieran el nombre de México con j y que no se permitiera en ninguna circunstancia. Es curioso, pero eran tiempos de indefinición. Hay un periódico de la época, el “Telégrafo Mexicano”, de Juan López Cancelada, que está escrito Mexicano con equis en la edición de 1813 y en 1821 ¡con g! Dicho sea de paso, en Jalisco y Guadalajara no se defendió la equis, pero hubo un tiempo en que se escribió Guadalaxara y Xalisco así… otra historia.
Por un lado está la ignorancia de la política española, y, por otro, su persistencia en ideologizar todo y ahí es donde insiste en escribir México con jota, es decir, el hispanismo o la hispanidad, la lengua “que les dimos”, la insistencia en que se reconozca a la conquista comandada por Hernán Cortés como el acto fundacional y que deberíamos estar agradecidos, exactamente como dijo un político de Vox hace años, porque “nos salvaron” de los mexicas. Una manera básica, torcida y perversa de manipular la historia.
De Hernán Cortés sólo diré que fue procesado por Carlos I de España y está publicada la relación de atrocidades que cometió en este territorio; que de inmediato tuvo que recibir a fiscalizadores enviados por el rey porque no confiaban en él; que asesinó a Cuauhtémoc en un episodio de paranoia feroz y que, además de matar a su esposa, fue violador de mujeres, entre otras, de Tecuichpo, la princesa mexica hija de Moctezuma, que repudió a la hija que tuvo con Cortés.
La señora Díaz Ayuso se equivoca y realmente son una vergüenza los políticos panistas mexicanos que promovieron su visita, que la recibieron y la protegieron. Algunos cuantos muy pronto se percataron del error, pero la verdad es que, en qué cabeza cabe que con ese discurso aquí hayan considerado que Díaz Ayuso les conseguiría adeptos para la próxima elección.
Le fue mal en todos los lugares donde se presentó, menos en una universidad que se llama de la libertad, la cosa más bizarra del mundo. Una emecista y una morenista en términos visibles la enfrentaron; además de los chamanes mexicas que todos los días se plantan en las inmediaciones de la catedral de la Ciudad de México. Fue tal el rechazo y la ya tibia, a esas alturas, atención de los panistas, que de plano, tuvo que suspender la “gira”, eso sí, con acusaciones al Gobierno de México, no podía ser de otra manera.
Gachupines y rebeldes, sí, tiene todo que ver con mi tesis doctoral: los gachupines eran los españoles nacidos en Europa que llegaban a la Nueva España a apabullar, incluso a otros españoles y, sobre todo, a los hijos de españoles nacidos en territorio americano, a quienes nunca reconocieron como iguales. El desdén y la supremacía de los gachupines que eran las autoridades entonces, están en la base de la movilización social de independencia que encabezaron y consumaron los rebeldes.