Cada 10 de mayo vemos un país lleno de flores, llamadas, mensajes, desayunos y festivales escolares. Es un día que nos emociona. Muchas personas recuerdan a la mujer que les sostuvo la mano, que les acompañó en los miedos y que hizo todo lo posible con lo que tenía.
Pero si miramos un poco más de cerca, descubrimos que detrás de cada “Feliz Día de las Madres” existen historias muy distintas que no siempre vemos.
Hay madres que crían solas y llevan sobre sus hombros toda la responsabilidad del hogar, madres que salen antes del amanecer para trabajar y regresan entrada la noche; madres que viven violencia en silencio y no saben a dónde acudir, adolescentes y niñas cuya maternidad llegó demasiado pronto, mujeres que cuidan a hijas e hijos con discapacidad prácticamente sin apoyo institucional; madres migrantes que enfrentan la dolorosa decisión entre quedarse con su familia o buscar lejos el sustento para sobrevivir.
Pensar el Día de la Madre desde los derechos humanos nos obliga a hacer algo importante: dejar de ver la maternidad sólo desde el sacrificio y empezar a ver a las madres como lo que son: personas con derechos.
Durante años hemos aprendido a decir “las madres lo pueden todo”, “las madres no se cansan”, “una buena madre se sacrifica siempre”. Pero, ¿es justo pedirles que lo soporten todo sin preguntar qué necesitan, qué sienten, qué sueñan?
Desde la perspectiva de los derechos humanos, las madres tienen derecho a vivir libres de cualquier forma de violencia física, sexual, emocional, económica y digital. Tienen derecho a empleos dignos, libres de discriminación por embarazo o maternidad, a servicios de salud accesibles, incluida la atención a la salud mental, al descanso, al desarrollo personal, al estudio, al tiempo propio y a tomar decisiones libres sobre su cuerpo, su maternidad y su proyecto de vida.
Cuando esos derechos son vulnerados, no solo se afecta a las mujeres, también se impacta directamente la vida de niñas, niños y adolescentes que dependen de su cuidado y protección.
En la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco hemos escuchado muchas historias, mujeres que buscan pensión alimenticia y encuentran puertas cerradas, madres que denuncian violencia y no son tomadas en serio, trabajadoras que pierden su empleo por un embarazo; cuidadoras agotadas que no tienen respiro. Nuestro trabajo es acompañarlas, orientarles y recordar a las instituciones que su deber no es juzgar, sino proteger y garantizar derechos.
También es importante decir algo que pocas veces se reconoce: las madres no son menos valiosas por pensar en sí mismas, por descansar, por pedir ayuda o por ponerse como prioridad en algún momento. Cuidarse también es una forma de cuidar.
Por eso, el Día de la Madre puede convertirse en algo más profundo que una celebración simbólica. Puede ser una oportunidad para preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad para que la maternidad no signifique soledad, agotamiento o violencia.
En la CEDHJ nuestras puertas están abiertas para acompañar a mujeres que enfrentan situaciones de violencia, discriminación o vulneración de sus derechos y los de sus hijas e hijos. Ofrecemos orientación y canalización, porque creemos que ninguna madre tendría que atravesar sola estos procesos.
La mejor forma de honrar a las madres no es pedirles más sacrificio, sino comprometernos a que vivan con dignidad, seguridad y respeto.