Después que finalmente echaron todo para atrás y se decidió (otra vez, por unanimidad) que no se modifica en nada el calendario escolar, y que los estudiantes de educación básica salen a vacacionar hasta el 15 de julio próximo, es importante preguntar: ¿Qué le pasó al secretario de Educación? ¿Quién lo apoyó o quién lo dejó solo en este confuso y terrible episodio?
Fueron cuatro días de altísimo costo político para Mario Delgado Carrillo, pero también para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. ¿Qué les ocurrió? En las infaltables versiones conspirativas, ya se afirma que todo fue armado y a propósito se generó este escándalo para “desviar la atención” y restarle fuerza al problema más grave: la crisis política con el gobierno de los Estados Unidos por la denuncia judicial contra Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios y exfuncionarios de Morena en Sinaloa.
Pero algo así parece un despropósito más monumental que las equivocaciones que acabamos de presenciar.
En términos de equilibrio elemental y ejercicio profesional de la política, no se puede concebir a un asesor profesional que exponga a la presidenta de la república a anunciar que la determinación de recortar el calendario escolar sea sólo “una propuesta”, y que unas horas después el secretario Mario Delgado la contradiga y afirma que no es propuesta sino decisión tomada.
Además, después de un fin de semana en el que las críticas estallaron en todos los sectores sociales y se propició también que tres gobiernos estatales (Jalisco, Nuevo León y Guanajuato) se rebelaran abiertamente contra la medida, todavía se sostuvo la versión de que no habría cambios: el ciclo cerraría el 5 de junio y se negociaría el regreso a las actividades, probablemente el 31 de agosto.
En medio de todas estas contradicciones, la credibilidad de Mario Delgado cayó por el precipicio, pero también la imagen de la presidenta Sheinbaum fue golpeada innecesariamente. ¿Todo para que “se olvide” el caso Rocha Moya?
“No lo sé Rick… parece falso”, repiten en el popular programa televisivo de compradores estrafalarios.
Más bien, hay que aceptar que se equivocaron.
Hay que aceptar que Mario Delgado careció de asesoría y comprensión del problema en que se estaba metiendo, y además, arrastró con él a la presidenta, porque ella insistió en defenderlo y acusó que los secretarios de Educación de los estados apoyaron la medida.
Fue un yerro monumental.
Ayer, en “Al buen entendedor” se sostuvo el argumento de que este episodio es suficiente para que Sheinbaum Pardo considere que Mario Delgado ya no es apto para dirigir la Secretaría de Educación Pública. El argumento se sostiene.
Lo más lamentable es que para todos queda claro que el sistema educativo está en un limbo, expuesto a cualquier decisión, aunque sea descabellada.