En Morena ya encontraron la fórmula perfecta para ocultar las crisis: cuando el país habla de violencia, desaparecidos o corrupción política, lanzan una polémica artificial, una cortina de humo para cambiar la conversación. Esta vez utilizaron la educación y el Mundial de Futbol como distractor nacional.
Mientras las madres buscadoras marchaban este 10 de mayo exigiendo al Estado frenar esta crisis, y mientras crecían los señalamientos contra Rubén Rocha Moya por vínculos con el narcotráfico, el gobierno federal decidió abrir un debate improvisado para modificar el calendario escolar por el Mundial. Demasiada coincidencia para ser casualidad.
La reacción social los obligó a recular, pero el daño ya estaba hecho. Porque el problema no era solamente mover fechas escolares; el problema era confirmar, una vez más, que Morena gobierna con ocurrencias, sin planeación y utilizando temas sensibles para administrar la narrativa pública.
Y si algo demuestra este episodio es que para la izquierda de México la educación nunca ha sido solamente educación, sino una herramienta de control político. Como lo ha sido en gobiernos socialistas del mundo. Un mecanismo para moldear narrativas, reducir el pensamiento crítico y construir dependencia hacia el gobierno en el poder.
No es casualidad que durante este sexenio desaparecieran las Escuelas de Tiempo Completo, eliminaran evaluaciones educativas, improvisaran la llamada “Nueva Escuela Mexicana” y distribuyeran libros de texto señalados por errores, sesgos y reducción de contenidos fundamentales. El resultado está a la vista: México vive uno de los peores retrocesos educativos de las últimas décadas.
La prueba PISA confirmó que dos de cada tres estudiantes mexicanos no alcanzan el nivel básico en matemáticas. Además, en los últimos años el país ha perdido alrededor de 1.5 millones de estudiantes y la cobertura educativa en la media superior cayó drásticamente.
Pero mientras la educación se debilita, Morena presume de programas sociales y propaganda política. Porque un ciudadano menos preparado es también un ciudadano más vulnerable a la manipulación del poder. Ese ha sido históricamente el manual de los gobiernos socialistas: debilitar instituciones, reducir exigencia académica y sustituir formación por adoctrinamiento político.
Lo preocupante es que ya ni siquiera esconden la estrategia. Primero generan una polémica, miden la reacción social y después retroceden diciendo que “solo era una propuesta”. Así administran el país: improvisando, tensando y calculando costos políticos.
México necesita gobiernos que fortalezcan la educación para formar ciudadanos libres y críticos, no administraciones que utilicen las escuelas como herramienta ideológica o como cortina de humo para esconder sus crisis políticas y de seguridad.