Gobernar no es un ejercicio de ensayo y error, mucho menos cuando lo que se tiene entre manos es el destino de millones de niñas y niños, y la estabilidad de las familias mexicanas.
El reciente “reversazo” de la Secretaría de Educación Pública y de su titular, Mario Delgado, respecto al calendario escolar, no es un simple ajuste administrativo, sino un autogol político que desnuda la fragilidad de un sistema que opera desde el escritorio, ignorando la realidad de las calles, la dinámica de los hogares y las familias.
Lo que inició como una inocente iniciativa para facilitar la logística frente a las altas temperaturas y el Mundial de Futbol, terminó por evidenciar una desconexión grave entre las políticas públicas y la justicia social que la izquierda tanto alude. Al intentar adelantar las vacaciones al 5 de junio sin un plan de contingencia con acciones y presupuesto, la SEP no solo mostró falta de estrategia pedagógica, sino una profunda insensibilidad de género.
Esta decisión revela que el sistema escolar mexicano sigue operando bajo una premisa arcaica y patriarcal que parte de la existencia de una “madre cuidadora” con disponibilidad total para absorber las ocurrencias del calendario. Cuando la SEP decide, de forma abrupta, retirar la escuela, está invisibilizando la carga mental y física que esto supone para las mujeres.
Cada día de clases cancelado por improvisación es un día donde las mujeres deben resolver, solas, el rompecabezas de los cuidados. Ante la inflexibilidad laboral y la falta de esquemas híbridos en las empresas, el Estado les lanza una carga extra que las obliga a elegir entre su desarrollo profesional o la seguridad de sus hijas e hijos. Para las familias sin recursos, es todavía peor, ya que no pueden pagar cuidados privados, la vulnerabilidad se vuelve total y entran a cuidar las abuelas, las amigas, las vecinas ante la improvisación oficial.
Pero hay algo todavía más grave en este vacío de planeación: ¿Está dispuesto el gobierno a reconocer que cuando la escuela se retira sin alternativas, se retira también una de las redes más importantes de bienestar emocional, prevención y protección para la niñez? Las académicas ya nos han advertido que, para muchos menores en este país, la escuela es el único espacio seguro y estructurado de su día a día. Es donde se detectan violencias, donde se garantiza una alimentación básica y donde existe una red de contención.
Cerrar las aulas por razones logísticas o deportivas es abandonar a la niñez a su suerte. No es solo un recorte de días; es un recorte directo a su derecho a la educación, a la salud mental y a su seguridad.
Este episodio vivido nos da la razón en una lucha que hemos dado con firmeza desde el Legislativo: la urgencia de consolidar un Sistema Nacional de Cuidados. Las contingencias no se resuelven solo en los hogares; eso solo trae sobrecarga a las mujeres. Necesitamos una planeación estratégica que involucre al Estado y obligue a las empresas a generar políticas de igualdad y flexibilidad.
El hecho de que 7 de cada 10 mexicanos rechazaran el recorte al calendario escolar por el Mundial es una señal clara de que la gente lo tiene claro, aunque en la SEP parezcan no entenderlo. Mario Delgado cometió un error que nos cuesta a todas. No necesitamos un secretario que sepa de estadios, necesitamos un secretario que entienda que la educación es la columna vertebral de la organización social y que con la seguridad de la niñez y el tiempo de las mujeres, simplemente no se juega.