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16 mayo 2026
Ismael Ramírez
Ismael Ramírez
Especialista en Medicina Familiar. Maestro en Farmacología. Dr. en Investigación Psicológica

¿Por qué nos enfermamos?

16 mayo 2026
|
05:00
Actualizada
08:06

La teoría de la enfermedad que se enseña en las escuelas de medicina

Se enseña que el ser humano es una máquina biológica “perfecta” o casi perfecta, pero expuesta a agentes externos (microbios, sustancias tóxicas, inclemencias del tiempo, falta de nutrientes, estresores psicológicos y sociales). Esta teoría no es suficiente para explicar por qué un mismo microbio mata a algunos, otros enferman pero sobreviven, otros se contagian pero no desarrollan la enfermedad aunque se convierten en portadores del microbio, y otros no se enferman ni hospedan al microbio.

También se enseña “la historia natural de la enfermedad” es decir, la enfermedad tiene una historia desde que el agente causal penetra desde el exterior, hasta que aparece la enfermedad y sus consecuencias. La cuestión central sigue sin resolverse: ¿Por qué unos enferman y mueren, otros no? En suma, la teoría médica que se enseña hace unos 150 años es que la armonía del humano es interrumpida por un agente externo que penetra las defensas del cuerpo o la mente. Puede ser una fuerza física que lo hiere; una sustancia química (veneno) o un microbio que le causa infección; también puede ser un trauma mental (1).

La teoría de la falla básica de Michael Balint (TFB)

Michael Balint propuso que no hay tal máquina perfecta, sino que dentro de cada ser hay cierta carencia, falla o falta que se puede originar desde nuestra gestación en el útero materno y principalmente durante la infancia. Así enfrentamos nuestra trayectoria de vida con un déficit entre lo que necesitamos para nuestro desarrollo biológico, psicológico y social y lo que nuestro contexto nos proporciona. Se trata de una discrepancia basal que ocurre tempranamente, mientras más pasa el tiempo es menos reparable y mayor su impacto en nuestra salud:

“La discrepancia crea un estado deficitario parcialmente reparable. La causa puede ser congénita (ejemplo, ataxia de Friedrich, riñones poliquísticos, etcétera) o puede ser ambiental con cuidados insuficientes, deficientes, fortuitos, con actitud demasiado ansiosa o sobreprotectora o áspera, rígida, incoherente, inoportuna, excesivamente estimulante, incomprensiva o indiferente”. (2)

El déficit biológico, psicológico o social estaría detrás de las enfermedades físicas y mentales que sufrimos al largo de nuestra existencia. La teoría de la falla básica de Balint (TFB) acomoda muy bien con las explicaciones psico-neuro-inmuno-endocrinas de problemas como asma bronquial, alergias, enfermedades autoinmunes, depresión, osteoartritis, enfermedades cardíacas e incluso el envejecimiento (3). Es decir, la enfermedad puede expresarse como alteración física o trastorno mental, pero sus causas provienen desde la gestación y el desarrollo infantil.

La teoría de la falla básica y la ciencias actuales

Voy a mencionar solo algunas de las ciencias contemporáneas que aportan datos relevantes en apoyo de la TFB. Para una revisión amplia puede acudir a una reciente publicación (4). La nueva ciencia de la Epidemiología del curso de vida, afirma que la desnutrición intrauterina podría afectar la función de los tejidos, órganos y sistemas corporales mediante una “programación biológica”, una noción respaldada por la epigenética. Existen pruebas sólidas de que la exposición de las embarazadas a factores estresantes psicosociales como la migración, causa trastornos del desarrollo infantil y malformaciones congénitas (5). El maltrato infantil se asocia con alta metilación del gen NR3C1. Esto altera la respuesta al cortisol en los linfocitos y leucocitos del sistema inmunitario. También se asocia con depresión mayor y la disfunción del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal. Esto ayuda a explicar la poca eficacia de los antidepresivos en individuos con cortisol persistentemente elevado (6).

La nueva ciencia de la genómica social o socio-genómica, aporta pruebas de que estresores sociales como la soledad, la pobreza, el duelo, el síndrome de estrés postraumático, el estrés crónico durante el embarazo y otros, activan un grupo de genes denominados en conjunto “Respuesta Transcripcional Conservada ante la Adversidad” con siglas CTRA en inglés (7).

Se trata de un grupo de genes que parecen estar con nosotros desde la prehistoria humana y que funcionaron para protegernos cuando quedábamos aislados de nuestro grupo, clan, horda. Nos hacen resistir mejor infecciones bacterianas, el dolor (la adversidad cuando nos quedamos solos). Pero, al costo de debilitar nuestras defensas a infecciones virales (que son las principales cuando convivimos en grupos); también produce inflamación crónica que induce enfermedad crónica por desgaste. Esta respuesta genómica a la adversidad la hemos conservado y se activa cuando estamos aislados, o en estrés crónico, justo las condiciones en que gran parte de la humanidad está viviendo actualmente. Con esto, espero haber demostrado que la interacción entre genoma y contextos biopsicosociales es permanente y bidireccional hoy hace millones de años. Los humanos estamos permanentemente “remodelados” por los contextos, y desde luego influimos en esos contextos al punto de que estamos causando ecocidios y genocidios evidentes a todas luces.

La medicina general/medicina familiar necesita una teoría que oriente su práctica y su investigación

El punto aquí es que la medicina general/familiar necesita de una teoría científica sólida para poder explicar a los pacientes de manera fundada por qué podría haberse dado alguna enfermedad. Hoy se acepta que la enfermedad crónica se origina en los desbalances globales que llevan del equilibrio homeostático, a nuevos equilibrios orgánicos, pero que quedan en niveles alostáticos (diferentes al equilibrios original). Por ejemplo, la presión arterial queda sostenidamente en niveles más altos que antes de vivir en estrés crónico. Esto quiere decir que desde la tierna infancia algunos viven un desgaste orgánico más intenso y sin periodos de respiro, como es el caso de las personas y comunidades en pobreza extrema (8).

Conclusión

Tener una buena teoría general que explique no una, sino cualquier enfermedad como el resultado de una concurrencia de factores biológicos, psicológicos y sociales en las trayectorias de vida es una revolución mental muy profunda, porque hoy en día domina la idea de que alguien desarrolla diabetes del adulto por su “estilo de vida” y los genes de sus padres; esta visión hace tiempo que ha chocado frontalmente con las pruebas de la vida diaria que las personas aportan al médico, y que son radicalmente rechazadas: “¡cómo cree que la angustia de cuando secuestraron a su hijo le causó la diabetes! ¡No señora!”. Es momento de recordar al jalisciense, médico e investigador Francisco Javier Mercado Martínez, fallecido en 2019, cuyo trabajo sobre las causas de la diabetes según la experiencia de vida de cada persona que sufría ese padecimiento, fue publicado en la principal revista pionera de la investigación cualitativa (8). La TFB permite comprender que las personas tienen conocimiento de su propia historia de vida, que es indispensable para comprenderles como personas únicas, irrepetibles.

Referencias

(1) Balint, M. (1993). “La falta básica. Aspectos terapéuticos de la regresión”. Barcelona: Paidós.

(2) Balint, M. (2000. 2a. Ed. 1963). “The doctor his patient and the illness”. Edinburgh: Churchill Livingstone.

(3) Bennett, J. M., Reeves, G., Billman, G. E., & Sturmberg, J. P. (2018). “Inflammation–Nature’s way to efficiently respond to all types of challenges: Implications for understanding and managing ‘the Epidemic’ of Chronic Diseases”. Frontiers in Medicine, 5(316).

(4) Ramírez-Villaseñor, I. (2026). “Balint´s basic fault theory, general medicine and salutogenesis”. Archivos en Medicina familiar, 28 (1), 41-46.

(5) Kuh, D., Ben-Shlomo, Y., Lynch, J., Hallqvist, J., & Power, C. (2003). “Life course epidemiology”. Journal of Epidemiology & Community Health., 57, 778–783.

(6) Anacker, C., O’Donnell, K. J., & Meaney, M. J. (2014). “Early life adversity and the epigenetic programming of hypothalamic-pituitary-adrenal function”. Dialogues in Clinical Neuroscience, 16 (3), 321-333.

(7) Cole, S. W. (2013). “Social regulation of human gene expression: Mechanisms and implications for public health”. American Journal of Public Health, 103 (S1), S84-S92. doi:10.2105/ AJPH.2012.301183).

(8) Vinje, H. F., Langeland, E., & Bull, T. (2022). “Aaron Antonovsky´s development of salutogenesis”, 1979-1994. En M. B. Mittelmark, G. F. Bauer, L. Vaandrager, J. M. Pelikan, & S. Sagy, The handbook of salutogenesis (págs. 29-44). Cham, Switzerland: Springer.

(8) Mercado-Martinez, F.J & Ramos-Herrera, I.M. (2002). “Diabetes: The lay person’s theories of causality”. Qualitative Health Research, 12(6), 792-806.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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