El caso de Rubén Rocha Moya ha escalado tanto y tan rápido, que la pregunta ya no es si en Morena existen vínculos entre sus integrantes y la criminalidad, más bien es cuántos más van a caer a la luz de la verdad.
En política, cuando hay una crisis, la mentira se vuelve insostenible. Conforme ha avanzado el caso en Sinaloa, ha quedado al descubierto la falsedad del relato moral sobre el que Morena construyó su legitimidad, y cuando algo se construye sobre terreno inestable, difícilmente se mantendrá en pie cuando se sacuda el terreno. Las acusaciones formuladas en Estados Unidos contra Rocha Moya y 9 miembros más de su círculo político no son un episodio más, ni una disputa diplomática. Son una cubetada de realidad para Morena y el gobierno federal, que por años han vendido la idea de una cuarta transformación de la vida pública de México.
Si hubieran dicho que a esto se referían, seguramente nadie en su sano juicio les hubiera entregado su voto. La semana pasada cerró con señales particularmente delicadas. Diversos medios confirmaron que la Unidad de Inteligencia Financiera ordenó el congelamiento de cuentas bancarias de Rocha Moya, de sus hijos, del senador Enrique Inzunza y de otros funcionarios ligados al caso. Al mismo tiempo, el exsecretario de Seguridad de Sinaloa, Gerardo Mérida Sánchez, se entregó a las autoridades estadounidenses de manera voluntaria en busca de un acuerdo de colaboración que le otorgue beneficios judiciales.
El asunto va encontrando sus piezas clave en el rompecabezas de la contradicción política. Mientras la presidenta de la república exige pruebas desde “la mañanera” y denuncia intromisión de la soberanía detrás de las imputaciones estadounidenses, el propio aparato financiero mexicano activa mecanismos dignos de un criminal contra el señalado Rubén Rocha. Ni el circo de BTS, ni la jugada de Mario Delgado fueron suficientes para distraer la atención de un caso que apesta a culpabilidad.
Mientras tanto, resulta hasta incómoda la incongruencia de los propios morenistas, que en su desesperación convocan en Chihuahua a una marcha en contra de la gobernadora Maru Campos por el caso de los agentes de la CIA, donde se destruyó uno de los laboratorios ilegales más grandes hasta ahora, pero son incapaces siquiera, de admitir la gravedad de los señalamientos y los hechos en el caso de sus correligionarios señalados por Estados Unidos.
En definitiva, a Morena le urge que llegue el Mundial para disipar su crisis, sin embargo, la justicia estadounidense no aparenta ser una aficionada del futbol y nada indica que vayan a soltar el asunto, por el contrario, van hasta las últimas consecuencias, como lo advirtió Terry Cole, el jefe de la DEA: “es sólo el comienzo”. Al tiempo.