La percepción sobre el inevitable avance de Morena en Jalisco rumbo a 2027 se ha desmoronado frente a una realidad cada vez más adversa. Y no solamente por las implicaciones de las serias acusaciones de narcopolítica y la resolución de Estados Unidos de combatirla con todo el peso del aparato judicial en aquel país y las agencias de seguridad en el nuestro —con un costo político inmenso para el régimen—, sino porque en lo local, la coalición que alguna vez pretendió ser un bloque sólido se fragmenta.
Morena ya perdió un aliado estratégico en el Partido Verde y el despecho es evidente en la confrontación verbal de la diputada Itzul Barreda con su homóloga del Partido Verde. A esto se suma el lastre del PT y los antecedentes delictivos en su bancada. La desaparición de Futuro y Hagamos deja a sus cuadros en la orfandad política; ante un Morena saturado, difícilmente habrá lugar para ellos en las listas de candidaturas.
El propio Morena se enfrenta consigo mismo. La figura de Carlos Lomelí divide más de lo que une; mientras la dirigencia le responde incondicionalmente, la otra mitad del partido le hace el vacío. El declive de los padrinazgos nacionales también ha golpeado a los liderazgos locales: Itzul Barreda vio sus bonos caer tras la salida de Adán Augusto López; y Merilyn Gómez Pozos, sin importar las bardas pintadas, perdió su principal respaldo político con el relevo de Luisa María Alcalde en la dirigencia nacional. En este caos surge la interrogante sobre si Ricardo Villanueva podrá o querrá poner orden. El riesgo de partidizar la Universidad de Guadalajara para una candidatura a la alcaldía tapatía —de resultados inciertos— parece ser un costo mayor a los beneficios inmediatos que la casa de estudios podría obtener.
En la acera de enfrente, las señales apuntan en otro sentido. Existen dos versiones encontradas sobre la reunión a la que convocó el gobernador Pablo Lemus a los cuadros emecistas. La primera, la más fidedigna, establece que el llamado central fue para que los liderazgos respalden activamente al gobierno del Estado e involucren su capital político en el territorio, evitando dejar al gobernador como el único vocero de la administración y promoviendo el proyecto de MC como un esfuerzo de equipo, por encima de agendas particulares.
La otra versión, filtrada de manera interesada, exhibe precisamente aquello contra lo que advirtió el mandatario: privilegiar los proyectos personales a costa de la unidad. Este relato falaz no sólo hablaba de supuestas encomiendas individuales a actores que ni siquiera estuvieron presentes, sino de una presunta intención de resucitar el replanteamiento del pacto fiscal que promovió el exgobernador Alfaro. Este trascendido, cuyo autor queda evidenciado al asumirse como el destinatario de una encomienda inexistente, subraya la desesperación por sembrar divisiones artificiales. La unidad a la que convoca Lemus a los emecistas no es una vuelta al pasado inmediato.
El momento de las principales fuerzas políticas en Jalisco no podría ser más contrastante: hoy por hoy, la inevitabilidad de una victoria intermedia para Morena es un simple espejismo.