En el contexto de la crisis política que en todos los órdenes ha provocado la denuncia en Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya y otros nueve políticos que se desempeñaron en Sinaloa, finalmente apareció una voz firme para evitar un mayor desbarrancamiento en Morena: la de Ariadna Montiel, nueva presidenta del partido.
La dirigente morenista sorprendió al rechazar ayer que Enrique Inzunza, senador sinaloense que está “desaparecido” y es uno de los acusados por la corte federal de Nueva York, pueda ser candidato a gobernador, como lo había presumido la dirigencia morenista en el Estado.
Ariadna Montiel fue tajante: no se permitirán candidaturas de personajes que no ostenten una reputación intachable. Ya era bastante bizarro que si el gobernador Rocha Moya solicitó licencia y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) congeló sus cuentas bancarias y las de sus hijos, el senador siguiera casi en calidad de prófugo y además, le concedieran posibilidades de ser candidato a gobernador.
La presidenta de Morena fue más allá, porque también dudó de que Saúl Monreal Ávila pueda ser candidato a la gubernatura de Zacatecas, y rechazó de plano que un personaje como el exboxeador Jorge Arce “El Travieso”, pueda ser admitido en Morena, como se anunció hace unos días.
El rigor que anunció Ariadna Montiel habla bien de ella; ha entendido que si Morena no pone freno a la entrega de candidaturas a personajes cuestionables (aunque no sean delincuentes), la marca seguirá degradándose aceleradamente.
Ya quedó demostrado, aunque una amplia base de simpatizante no quieran aceptarlo, que Morena no es el partido político inmaculado que se presumió en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Entre sus militantes más encumbrados hay quienes están relacionados con la corrupción y la delincuencia, pero el partido tiene la oportunidad de detener la caída y aplicar reglas firmes.
A la presidenta Claudia Sheinbaum no la han asesorado correctamente. Al menos es lo que puede suponerse con la mejor intención, pues no se explica de otro modo que haya defendido a Rocha Moya y los otros nueve denunciados, ante las acusaciones en Estados Unidos. Lo más penoso para su postura fue que se hayan congelado las cuentas del gobernador con licencia y que ella haya admitido que ni siquiera estaba enterada, justo el mismo día que se entregaron a la justica estadounidense quienes fueran titulares de Seguridad y Finanzas del gobierno sinaloense, es decir Gerardo Mérida y Enrique Díaz.
Ariadna Montiel se erige ahora como el filtro severo del partido que puede iniciar un proceso de rescate.
Queda pendiente que se lo permitan.