Estirar la liga es la manera en la que el gobierno federal mexicano maneja la crisis de seguridad y justicia que vive actualmente con las autoridades de Estados Unidos. La liga, como siempre ocurre, habrá de romperse y con ella la que se supone es una buena relación entre los dos países.
La estrategia de la 4T es previsible. En la medida en la que aparezcan nuevas acusaciones contra políticos de Morena, o incluso de otros institutos políticos, el gobierno mantendrá sus argumentos de que, junto con los señalamientos de la fiscalía estadounidense, deben venir las pruebas. Aunado a eso, las autoridades se mantendrán inactivas para satisfacer las exigencias del gobierno de Estados Unidos.
Y cuando la liga se rompa, lo que es inevitable, comenzarán los discursos encendidos en defensa de la soberanía, y los llamados a la unidad nacional en contra de la intervención extranjera.
Las tácticas gubernamentales (y de la 4T) contra el gobierno de Trump se mantendrán apegadas al librito: acusar de todo lo malo posible a un poder extranjero con el argumento de que únicamente busca violar nuestra soberanía.
¿A qué apuestan los cuatroteístas? A ganar el mayor tiempo posible con la esperanza de que en las elecciones federales estadounidenses de noviembre próximo el partido de Trump (Partido Republicano) sufra una fuerte derrota en la renovación de Congreso (Senado y Cámara de Representantes) y eso obligue al presidente de la Unión Americana a enfocar sus esfuerzos hacia el interior de sus fronteras y deje en segundo plano su ofensiva contra los criminales en México.
Lo que la 4T no tiene seguro es que su apuesta funcione. O que la liga aguante tanto tiempo estirada. Igual desde el otro lado de la frontera piensan igual, y deciden lanzar toda la carne al asador para llegar a noviembre con numerosos gobernantes mexicanos detenidos y exhibirlos como trofeos.
Pero de que la liga se rompe… se rompe.