No nos equivoquemos. No le vamos a aplaudir el control de daños a la Semarnat. La cancelación del proyecto de Royal Caribbean en Majahual, Quintana Roo, no fue un arranque de conciencia ecologista; fue puro pánico al costo político y control de daños.
El proyecto ya avanzaba con su total complacencia y bendición silenciosa. Al final lo cancelaron solo porque los cacharon con las manos en la masa y el escándalo ya era un incendio mediático internacional insostenible. Qué fácil es simular glorias cuando te descubren.
Mientras la propaganda oficial celebra esta farsa como una victoria histórica, la realidad de corrupción ligada a las áreas naturales del país los abofetea. Recordemos que el presupuesto de Semarnat cayó un cuatro por ciento este año y dejaron a las brigadas forestales sin recursos, sin equipo y sin herramientas para sofocar la menor provocación de fuego en nuestros bosques y selvas. Ahora presumen salvar una playa mientras condenan a cenizas los recursos naturales de México.
Aquí la hipocresía gubernamental y el ecocidio selectivo que nos da Morena. El festín depredador del turismo de lujo sigue intacto, pero solo donde no hay cámaras. Ahí está el despojo en Punta de Mita, privatizando Playa Las Cocinas; el ecocidio silencioso en los manglares de Bacalar; o la impunidad en San Bruno, Yucatán, donde los condominios actúan como dueños del mar y todo lo que está alrededor. Para esos proyectos hasta el momento no hay clausuras, solo complicidad institucional y burocrática.
La política ambiental de la llamada transformación no es más que una simulación para la foto de la semana. Toda la plana gubernamental salió gloriándose en hombros, y nunca hubo un reconocimiento público a quienes realmente articularon todo este movimiento en contra: la sociedad civil, la población local, Greenpeace y los medios de comunicación.
La protección de la naturaleza se demuestra con presupuesto real y defendiendo el territorio completo, no operando como apagafuegos mediáticos únicamente en los rincones donde los descubren.