Un informe, 32 estados. Ese es el reto que debe solventar la Cuarta Transformación con fecha del próximo domingo 31 de mayo, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum presente a los mexicanos un recuento de año y medio de su gobierno, abogue por la defensa de la soberanía nacional, y se enfrente a la que considera es una ofensiva mediática contra su gobierno.
El reto es para la Cuarta Transformación en su simbiosis de gobierno y partido, pues no es lo mismo organizar una gran concentración en el Zócalo de la Ciudad de México, que hacerlo en los 32 estados del país.
El riesgo de una movilización de ese tipo es que el peso de la 4T no es igual en todo el territorio nacional. Habrá entidades que podrán hacer movimientos multitudinarios, como lo es la Ciudad de México, Edomex, Hidalgo y Morelos, por ejemplo. Pero la capacidad de respuesta podría no ser igual en Jalisco, Guanajuato, Aguascalientes o Nuevo León, que son gobernados por representantes de partidos ajenos al gobernante a escala federal. Será, a mi juicio, un termómetro para medir la influencia del oficialismo en varias zonas de México.
Los más preocupados deben ser los delegados federales y los dirigentes de Morena en cada entidad, pues será evidente su capacidad de convocatoria y, por supuesto, de movilización. Y eso servirá también para que desde Palacio Nacional tengan una visión del peso de su partido y estructura en las diferentes regiones.
Designar una plaza y poner pantallas gigantes no debe ser mucho problema. En Jalisco, por ejemplo, se puede utilizar la Plaza Juárez, frente al Parque Agua Azul, sitio en el que acostumbraba presentarse Andrés Manuel López Obrador en su calidad de candidato. Pero la duda es: ¿A quién le corresponde la movilización? ¿A los delegados? ¿A los Siervos de la Nación? ¿A la dirigente estatal de Morena? Y lo más importante: ¿La asistencia de cuántas personas será suficiente para decidir si la convocatoria fue o no exitosa?
Lo que ocurra el próximo domingo 31 de mayo dará mucho de qué hablar de cara a las elecciones de 2027.