Que la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, haya acudido a las instalaciones de la Fiscalía General de la República (FGR) en la Ciudad de México, para no declarar y subrayar que la Fiscalía debe solicitar información al gobierno del Estado, para después, acompañara por la dirigencia nacional de su partido, asegurar que es una perseguida del gobierno de la presidencia Claudia Sheinbaum, es el resultado de una pésima estrategia política que conduce a cuestionar: ¿Quién gana y quién pierde con este caso?
No gana, ciertamente, la presidenta Sheinbaum ni su equipo. El círculo cercano a la presidenta queda muy mal colocado.
En el contraste que ha significado la reprobación oficialista a la mandataria chihuahuense, con el trato dado al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, parece que hay una persecución contra la gobernadora del PAN, mientras se protege al mandatario de Morena.
Eso no le ayuda a la imagen presidencial, y menos sabiendo que todo redunda en un maltrato a la relación con Estados Unidos.
Gana, aunque sólo sea políticamente, la propia María Eugenia Campos, quien ha aprovechado este episodio y los ataques de la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, para presentarse públicamente como una víctima.
Maru Campos había venido siendo una muy discreta gobernadora en el panorama nacional; más conocida por la confrontación con su antecesor, el expanista Javier Corral, y por los señalamientos de complicidad con quien fuera gobernador priista de Chihuahua y ahora procesado por desvío de recursos y otros delitos, César Duarte Jáquez.
Todo parecía indicar que Maru Campos concluiría su sexenio sin mayor “pena ni gloria”, pero ahora se ha convertido en un personaje nacional y también le ha dado argumentos al Partido Acción Nacional (PAN), para enfrentarse al gobierno de Sheinbaum Pardo y acusar incongruencia y persecución.
La solicitud de juicio político contra la gobernadora no va a prosperar, como tampoco arrojará ningún resultado la acusación por haber permitido (presuntamente) el ingreso de agentes de la CIA a territorio mexicano para actuar contra el crimen organizado.
En este punto, pierde Palacio Nacional y ganan Maru Campos y el PAN.
¿Eso era lo que pretendían Ariadna Montiel y los morenistas que la acompañaron a hacer una marcha y manifestación a Chihuahua? Seguramente no. Pero lo provocaron.