Fulminante. Un poeta, de Simón Mesa Soto, es un largometraje colombiano que te somete, una pieza sobre el deseo de “ser y existir” bajo los términos propios o, si no hay más remedio, vivir el éxito a través de los demás; sobre la dispareja relación entre voluntad y talento; sobre el fracaso y las malas decisiones, los demonios internos, la complejidad de los entramados familiares, los vericuetos y toxicidades del mundo del arte, sobre los sueños (míos y del otro), todo enclavado en una realidad social adversa que pone a sus personajes en un “cuesta arriba” perpetuo. Y, ciertamente, es una película que nos recuerda aquella frase del De nugis curialium que dice: “No dejarás buena acción sin castigo, ni mala sin recompensa”.
Óscar es un poeta alcohólico, divorciado, desempleado, que todavía vive en casa de su madre bajo la excusa de que la está cuidando. Él quiere dedicarse de tiempo completo a la poesía, pero su talento es puesto en tela de juicio. A regañadientes, Óscar acepta trabajar como profesor en una secundaria, donde conocerá a Yurlady, una chica de bajos recursos, consumida por su compleja realidad social, que tiene un talento innato para la poesía. Nuestro protagonista tomará como cruzada personal convertir a Yurlady en el próximo fenómeno de la poesía en su ciudad.
Ubeimar Ríos es el encargado de interpretar al protagonista. Lo hace de manera contundente, con una entereza y convicción asombrosas. Ríos no es actor profesional. Es un profesor antioqueño que gusta de la poesía (cosa que comparte con su personaje), un padre de familia que aprecia la cultura.
Un poeta recorre los vericuetos de la comedia y el drama social; el resultado es un relato agridulce, de tristezas que buscan la posibilidad de un poema feliz. Por un lado, encontramos a un Óscar sumergido en el fango de su fracaso, de su impotencia, oprimido por sí mismo y por un entorno que no le deja espacio para maniobrar por la vida. En tanto, Yurlady atraviesa la pubertad como cualquiera: con dudas, con desinterés, con el desánimo que le inyecta el mundo agreste que habita; una juventud contenida. Óscar asume que Yurlady es su misión porque podrá, a través de ella, experimentar algo cercano a un triunfo. Sí, te lo has imaginado bien: eso solo puede terminar mal.
La disparatada circunspección de Un poeta nos lleva a internarnos en un largometraje de severidad contundente y de absurdos corrosivos. Mesa Soto recurre a los recursos de la sátira para hacer papilla a su protagonista y, de paso, a la audiencia, por todas las cosas —y decisiones— de Óscar que podemos encontrar (o que alguna vez existieron) en nosotros mismos. El protagonista es desacreditado para mostrar que el premio o el castigo por nuestras acciones a veces llega por ruleta. ¿Tras tantos días sombríos, puede de pronto salir el sol?
Con un trabajo de cinefotografía encomiable a cargo de Juan Sarmiento, quien hace “poesía” con el formato de 16 mm, Un poeta es una propuesta muy entera de cine latinoamericano que ya se encuentra en streaming. “Heme aquí, un hombre, anticuado dinosaurio, merecedor de condenas […] Más no pierdan su fe en este poeta triste…”