Todavía se escucha el eco del discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum en el Monumento a la Revolución, denunciando en un discurso incendiario, que detrás de la denuncia contra Rubén Rocha Moya, un alcalde y un senador en funciones, hay una estrategia para influir en las elecciones del 2027… y ayer en su mañanera en Palacio Nacional, como quien comenta el clima, compartió que ella no cree que el presidente Donald Trump esté detrás de la campaña de ataques a México.
¿Entonces no es Donald Trump?
Porque lo recordamos como candidato primero, denunciando que desde México llegaban a los Estados Unidos delincuentes, violadores y narcotraficantes. Lo recordamos después, como presidente, asegurando no una sino varias veces, que nuestro país está controlado por los cárteles del narcotráfico.
Lo recordamos también, apenas hace unos días, reiterando que le ha ofrecido varias veces a ella, a la presidenta Sheinbaum, el apoyo de sus fuerzas armadas para acabar con los cárteles en territorio mexicano. Es fácil encontrar en una búsqueda rápida en internet, el momento en el que afirma que en nuestro país, las autoridades están aterrorizadas por el crimen organizado.
¿Entonces no es Donald Trump? ¿Quién es entonces?
La presidenta pasó de ser la jefa de Estado que proclamó la “cabeza fría” y las respuestas meditadas, para evitar las veleidosas reacciones del presidente norteamericano: sus constantes amenazas de aranceles y concluir de una vez el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.
Inesperadamente, Sheinbaum Pardo pasó a ser la defensora de la dignidad nacional, de la soberanía. Convirtió en frase de su personal repertorio la arenga “¡México no es piñata de nadie!”, y acusó a quienes están en contra de la postura oficial, de ser parte del sector conservador, neoliberal, que prefiere entregar la soberanía nacional a intereses extranjeros.
Pero ayer, confesó incluso bajando el tono de voz que ella no cree que sea Donald Trump.
El contraste de sus posturas con menos de un día de diferencia hace pensar que entre el mediodía del domingo y la mañana de este lunes 01 de junio, recibió una concienzuda retroalimentación, un “feedback” que le permitió revalorar la imagen que lanzó al mundo, porque aunque el mensaje en la plaza atiborrada de simpatizantes estaba dirigida a los morenistas y a quienes aplauden la “cuarta transformación”, el mensaje retumbó en muchos otros lugares y con personas que, mexicanos también, percibieron con preocupación el giro de la postura presidencial.
Una vez más, conviene recordar: la suerte de Rocha Moya y los otros nueve, no compromete la soberanía nacional. Compromete a sus intereses porque si los acusan en un tribunal que no es mexicano, deben defenderse y demostrar que no son culpables. Pero la suya no debe ser la suerte del país.