En enero tuve una gran fractura en mi pierna. Fue necesario hospitalizarme poco más de dos semanas; me hicieron una cirugía compleja por mi condición de salud en esos días y la fragilidad de mis huesos.
Fueron días muy complicados, sin embargo, desde que solicitamos la ambulancia empezó la magia o como prefiero considerarlo, llegaron miles de bendiciones. Entre el torbellino de emociones, dolores insoportables, diagnósticos, la situación fluía para solucionar mis complicaciones de salud; después de muchos días de hospital, vinieron muchos más en casa, sin poderme mover. No fue nada sencillo, pero paso a paso fui mejorando.
Gracias al enorme grupo de amigos que se sumó para darme todo tipo de ayudas, es que hoy reflexiono que la resiliencia no se consigue sin una fuerte red de amigos.
De distintas formas mis amistades, familia, los médicos, enfermeros y enfermeras, trabajadoras sociales, las damas del patronato, mis jefes, compañeros de trabajo, conocidos, se hicieron presentes en estos momentos convulsos.
Formaron una red de apoyo sólida, me brindaron un entorno seguro de cuidado y confianza. Durante varios meses me han estado acompañando para que yo recupere mi salud física y acomode mis emociones para restablecer mi vida cotidiana.
Me repiten “eres resiliente”, incluso califican mi fortaleza en el rango de guerrera, sin darse cuenta que sin su incondicional apoyo no lo lograría.
Sin esa maravillosa red, que forman amigos desde la infancia, del colegio, trabajo, y los distintos espacios donde hemos coincidido a lo largo de mi vida.
Es el cariño, la paciencia, los cuidados, la empatía, el acompañamiento de la gran red que vamos formando y forjando con una visión realista, a la vez que optimista, lo que nos ayuda a aceptar los cambios, los límites que son parte natural de la vida; nos permiten a ajustar los planes cuando las circunstancias lo requieren, para mantener una visión constructiva hacia el futuro sin negar las dificultades del presente.
Además, hay que mantener la cordura, acomodar el vaivén de las emociones, tarea nada sencilla. Ahí aparece de nuevo el equipo de apoyo; a veces con su presencia, con su comprensión o sugerencias, ayudan a reacomodar todo.
El camino de una persona con discapacidad está lleno de batallas, muchas veces silenciosas que para el mundo exterior pueden pasar desapercibidas, pero no para los amigos, que bien interpretan nuestra mirada, tono de voz, intensidad de las llamadas, etcétera. Cualquier detalle les hace saber cómo te sientes.
En conjunto, la persona que vive la discapacidad y su red de apoyo, logran que estas malas rachas representen conquistas monumentales.
Hoy estoy más restablecida y no me cansaré de reconocer y agradecer el poder contar con esta invaluable comunidad que me ha acompañado durante todos estos años.
Incluyo también la fuerza y el ejemplo de mis padres, el cariño de mis hermanos, sobrinos y de toda mi familia; a mis entrañables amigas y amigos; a quienes me han cuidado con tanta paciencia y cariño.
Todos y cada uno de mis amigos son valiosos sin distinción. Hoy doy otro paso para mi autonomía, más fuerte y como me dicen, soy “resiliente”, reforzada con el cariño y empatía de esta grandiosa comunidad que decidió sostenerme cuando mis propias fuerzas flaquearon.
Desarmaron mis miedos; juntos construimos puentes aún más sólidos. Me enseñaron que pedir ayuda, no es debilidad, sino al contrario, es la seguridad de contar con una red de apoyo, un verdadero lujo, un pilar fundamental que me ha sostenido ayudándome a reconstruir mi bienestar físico y emocional. No sé cómo hubiera enfrentado con éxito esta y otras etapas que por mi condición de vida me han desafiado en algunos momentos.
Considero que la red de apoyo no solo te permite sentirte atendida, sino profundamente apapachada, valorada y respetada como ser humano; es el acompañamiento y trabajo en equipo entre médicos y la red, lo que verdaderamente sana.
Cuando las personas se involucran de forma tan generosa en tu vida, mejoran tu entorno. No encuentro un acto más generoso de entrega que el de aquellas manos amigas que deciden pausar sus propias vidas, posponer sus ocupaciones cotidianas y acudir al llamado de auxilio, sin dudarlo ni un solo segundo.
Ellos son un refugio donde no hay espacio para la lástima, sino para esa capacidad maravillosa de mirar al otro, comprender sus batallas y caminar a su propio ritmo. Lo que llamamos empatía.
La red de apoyo son personas muy queridas, amigos verdaderos en su presencia. Podemos desarmarnos por completo, llorar hasta que no queden lágrimas y confesar nuestros miedos más ocultos sin el más mínimo temor a ser juzgados o rechazados. Ese es el verdadero milagro de la contención emocional: un espacio seguro donde nuestra vulnerabilidad no se castiga como una debilidad, sino que se abraza como el puente, una salida hacia la sanación.
Como dice el diccionario “Resiliencia es la capacidad humana para adaptarse positivamente a situaciones adversas, traumas o fuentes de tensión significativas. Es el proceso de “rebotar” tras una dificultad; no implica evitar el sufrimiento, sino desarrollar herramientas para superar el problema y salir fortalecido. Y por supuesto, confirmo que no se logra sin vínculos como los de los amigos y familiares.
Saber que existen personas extraordinarias dispuestas a ofrecer su tiempo y su cariño, genera una gratitud eterna que se multiplica y se agradece mil veces. Al final, estas redes solidarias nos demuestran que la interdependencia nos hace más fuertes, y que el amor compartido es la fuerza más poderosa para recuperar la seguridad, la autonomía y la alegría de vivir.
Finalmente, el compromiso es el motor que da permanencia a este lazo. Cuidar no es un acto de un solo día; es una promesa silenciosa de estar presente, de sostener la mirada y la mano en los días buenos y en los momentos de frustración. Esto me hace pensar que las redes de apoyo son un paso importante para la resiliencia. Deseo que todos podamos contar con ellas en los momentos más hostiles de la vida y nos ayuden a transitar con ánimo de continuar viviendo con alegría.
Gracias nuevamente a todos quienes me han brindado su inestimable respaldo.