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4 junio 2026
Hiram Espinoza de los Monteros
Hiram Espinoza de los Monteros
Periodista. Conductor en quiero tv

El enemigo necesario

4 junio 2026
|
05:01
Actualizada
22:44

La defensa de la soberanía nacional es el centro del discurso presidencial. Lo ha sido durante semanas.

Sin embargo, el domingo pasado —a partir del mensaje con motivo del aniversario de su triunfo electoral— podría significar un parteaguas para Claudia Sheinbaum, pues la defensa de la soberanía resultó no solo una respuesta diaria y cotidiana en sus mañaneras, sino la colocación vehemente y meticulosa de lo que —parece— se convertirá en su principal elemento cohesionador.

El tono del mensaje del domingo fue distinto. Más enfático. Más político. Más orientado a la construcción de un nosotros frente a un ellos. La pregunta inevitable es: ¿quién o quiénes son exactamente ese ellos?

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador la respuesta parecía clara. El discurso presidencial se articuló alrededor de adversarios identificables. En distintos momentos fueron los partidos de oposición, los organismos autónomos, sectores empresariales, organizaciones civiles, medios de comunicación, la Suprema Corte e incluso una parte de la clase media: los “aspiracionistas”. No importaba demasiado quién desempeñara el papel, sino que existiera un antagonista capaz de explicar resistencias, justificar conflictos y, sobre todo, cohesionar a los simpatizantes del proyecto político. La fórmula funcionó.

Pero el contexto actual es diferente. Morena gobierna la Presidencia de la República, controla amplias mayorías legislativas y administra la mayoría de los gobiernos estatales, además de haber logrado colocar a los perfiles que hoy integran la Suprema Corte. El asunto es que cuando se concentra tanto poder, resulta más complicado sostener una narrativa basada en enemigos internos. Señalar a la oposición ya no produce el mismo efecto cuando ésta atraviesa uno de los momentos de mayor debilidad en su historia reciente.

Lo lógico resulta colocar ahora al antagonista en el exterior y así la soberanía se convierte entonces en el nuevo terreno de disputa. El problema es que el enemigo aparece cada vez más difuso.

Apenas un día después del mensaje presidencial, al ser cuestionada sobre si Donald Trump encabezaba las amenazas contra México, Sheinbaum respondió que no. Habló de grupos conservadores, organizaciones de ultraderecha y campañas que operan desde Estados Unidos, pero sin señalar con claridad a un actor específico.

Es una construcción interesante. La amenaza existe, pero carece de rostro definido. Está presente, pero permanece parcialmente invisible. Se encuentra allá afuera, aunque no siempre resulta sencillo identificar dónde empieza o quién la dirige.

Por supuesto, nadie puede negar que existan presiones externas. La relación con Estados Unidos atraviesa momentos complejos y las tensiones diplomáticas forman parte de la realidad política de cualquier país. Sin embargo, una cosa es reconocer desafíos reales y otra, convertir la amenaza en una categoría discursiva permanente.

Porque cuando el enemigo deja de ser una persona, una institución o un gobierno claramente identificable, y se transforma en una presencia abstracta que aparece cada vez que resulta necesario cerrar filas, la discusión deja de centrarse en los riesgos concretos para concentrarse en la utilidad política de la narrativa.

Tal vez la pregunta no sea si la soberanía mexicana está hoy en riesgo, sino si su defensa se está convirtiendo en el nuevo gran eje discursivo de la Cuarta Transformación; una herramienta política capaz de agrupar simpatizantes, descalificar críticas y construir un adversario suficientemente amplio para explicar cualquier resistencia al proyecto gubernamental.

Una vez que la soberanía ocupa el centro del debate, el terreno se vuelve especialmente favorable para quien controla la narrativa. ¿Quién podría estar en contra de defender a México? ¿Quién podría cuestionar una acción presentada como una medida para proteger la independencia nacional? Poco a poco, el desacuerdo corre el riesgo de ser interpretado no como una diferencia legítima de opinión, sino como una posición que favorece a quienes pretenden debilitar al país.

¿A poco le suena descabellado? Esta película ya la vimos.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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