El evento realizado por Morena en el Monumento a la Revolución fue presentado como un ejercicio de rendición de cuentas y de cercanía con el pueblo, pero en realidad fue un acto de propaganda política cuidadosamente diseñado para reforzar una narrativa que cada vez se aleja más de la realidad que viven millones de mexicanos.
Morena ha perfeccionado una estrategia que consiste en sustituir los hechos por el discurso, ya que cuando aparecen cuestionamientos, investigaciones o señalamientos contra integrantes de su movimiento, la respuesta nunca es aclarar, investigar o rendir cuentas; siempre es victimizarse, hablar de conspiraciones, de intereses extranjeros o de supuestos ataques contra la soberanía nacional.
Lo vimos nuevamente en el discurso de la presidenta: se presentó un país que existe en los mensajes oficiales, en las conferencias y en los eventos multitudinarios, pero que difícilmente coincide con la experiencia cotidiana de millones de ciudadanos, porque mientras desde el templete se habla de transformación, las familias enfrentan una realidad marcada por la inseguridad, la violencia, las extorsiones, las desapariciones y una creciente incertidumbre económica.
Ningún mitin, por grande que sea, puede ocultar esa realidad; ninguna plaza llena puede borrar el miedo con el que viven miles de mexicanos en regiones controladas por el crimen organizado, y ningún discurso puede borrar el dolor de las familias que buscan a sus desaparecidos o de los pequeños empresarios que tienen que pagar extorsiones para poder trabajar.
El problema es que Morena pretende convertir cualquier crítica o investigación internacional en un ataque contra México, pero hay que decirlo con toda claridad: los señalamientos no son contra nuestro país. Los señalamientos recaen sobre personajes específicos, sobre gobiernos específicos y sobre dirigentes específicos de Morena.
Confundir deliberadamente a Morena con México es una estrategia política peligrosa, porque una cosa es defender la soberanía nacional y otra muy distinta utilizarla como escudo para evitar responder preguntas incómodas.
Desde Acción Nacional rechazamos categóricamente la utilización de recursos públicos, plataformas gubernamentales y estructuras políticas para mantener campañas permanentes desde el poder. La función de un gobierno es gobernar, resolver problemas y rendir cuentas, no organizar actos políticos para fortalecer una narrativa mientras los problemas siguen creciendo.
Por eso seguiremos señalando cualquier intento de utilizar el nacionalismo como cortina de humo para evitar responder a los señalamientos que pesan sobre dirigentes y gobiernos de Morena. La discusión pública no debe centrarse en quién denuncia, ni en el país de origen de una investigación, ni en la narrativa de la persecución; la discusión debe centrarse en algo mucho más simple: ¿son ciertos o no los hechos denunciados?
México necesita respuestas, instituciones fuertes, un gobierno que enfrente a la delincuencia, que garantice libertades, que fortalezca el Estado de Derecho y que asuma responsabilidades cuando las cosas salen mal y no necesita discursos ni propaganda.
Claudia Sheinbaum puede llenar plazas, transmitir mensajes en todo el país y repetir una y otra vez que México vive su mejor momento; lo que no puede hacer es borrar la realidad que enfrentan millones de ciudadanos todos los días, porque el problema de Morena no son las críticas, son los hechos.
Y mientras sigan apareciendo acusaciones, investigaciones y señalamientos contra personajes de su movimiento, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿van a investigar y sancionar a los responsables o van a seguir utilizando la soberanía nacional para protegerlos?