A unos días de arrancar la máxima fiesta del futbol mundial, no se sabe, no se siente y no se escucha, y es que a pesar de los enormes esfuerzos de autoridades por hacer vibrar al público por la efervescencia mundialista, no han podido conectar. Y es que a decir verdad, esta Copa del Mundo “no es ni de Chana, ni de Juana”, ni de nadie. El propio torneo está sufriendo las consecuencias del órgano rector de este deporte, por cada vez perder más la esencia del futbol en sí, para convertirse en una auténtica industria económica.
Por primera vez serán cuarenta y ocho las selecciones participantes. Desde ahí, adiós a la calidad por la cantidad: más equipos, más negocio. Después, tres países organizadores del certamen, y aunque evidentemente la gran cantidad de duelos se jugarán en suelo estadounidense, el país no genera pasión futbolera por sí solo, así que recurrieron a la sangre futbolera marcada con la historia de un país como México, que se convertirá en el primero en tener tres copas del mundo. Tan importante es para la FIFA, que le dieron el privilegio de la gran inauguración en la Ciudad de México; pero no hay que olvidar a Canadá, que también tiene su cachito de torneo, así que entre los tres países se pierde totalmente la identidad del evento máximo del balompié.
Bueno, hay tanta disparidad de criterios, colores, sabores, pugnas y demás, que las tres subsedes del país se la pasaron peleando para ver cuál sería la mejor, teniendo en claro, eso sí, que por mucho, pero por mucho, Jalisco ha sido la más organizada y preocupada por dar la cara muy mexicana al mundo entero. Aplauso a las autoridades, sobre todo de Zapopan, por su compromiso para mostrarle a todo el mundo que efectivamente, Jalisco es México.
Pero bueno, sin saber quién es la mascota oficial, cuál el póster oficial, los colores oficiales y sobre todo, lo más importante, sin tener un equipo oficial (sí, hablo del de la cancha, de la Selección, del Tri, del que no sabemos quiénes son y quiénes van a jugar), pues la afición más perdida está, al tratar de encontrar dónde vivir la fiesta futbolera, pues entre tantas ofertas de aquí y de allá, le van a quitar la identidad de estar todos juntos, como cuando el Mundial del 70 o del 86, cuando todos jalábamos para donde mismo y de verdad, vivíamos una auténtica fiesta mundialista.
Estamos tan perdidos con nuestros jugadores que vemos más a los exfutbolistas en los comerciales y en los eventos, pues a las marcas ni siquiera les interesan los actuales seleccionados.
Pobre Mundial, se les olvido que es futbol, deporte, pasión, afición, esa que lo tendrá que ver por una pantalla pues ni para verlo en casa hay posibilidad, menos soñar con ocupar un lugar en una de esas butacas de una tribuna, ocupadas por la opulencia de esta sociedad.