A unas horas de iniciar la Copa Mundial de Futbol que presentan México, Estados Unidos y Canadá, el presidente Donald Trump arremetió nuevamente contra nuestro país y argumentando temas relacionados con el combate al crimen organizado y el tráfico de drogas, amenazó con la posibilidad de no renovar el T-MEC, el acuerdo comercial entre los tres países.
Después de la crisis que tensó la relación entre nuestro país y el vecino del norte por la acusación contra el gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya y otros nueves involucrados en la cúpula política de ese Estado, parecía suavizarse la situación al menos durante los 40 días en los que se celebra el Mundial.
Pero las declaraciones de Trump demuestran que no hay período de gracia y a pesar de todos los acercamientos diplomáticos y los esfuerzos de negociación en el ámbito de seguridad y el comercio, en cualquier momento la tensión aumenta.
En palabras del presidente estadounidense, su país no necesita ni a México ni a Canadá, pero ambas naciones sí necesitan a Estados Unidos.
Se trata, evidentemente, de una aseveración que no tiene sustento.
Trump se equivoca y lo sabe, pero sigue hablando en tono amenazante en la certeza de que esos argumentos siempre le dan a ganar políticamente y además, no le costará políticamente con el gobierno mexicano.
La economía estadounidense necesita, forzosamente, del vecino mexicano. Desde hace tiempo, nuestro país se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos y nuestro mercado abastece una abigarrada red de productos en el mercado estadounidense.
¿México necesita de Estados Unidos? Es evidente. Ni siquiera a los más nacionalistas se les ocurre plantearlo. Aquel discurso ingenuo de abrir el mercado mexicano y buscar otros socios comerciales, puede aplicar en un futuro y tras muchos años, pero no ahora ni pronto.
El presidente Trump enfrenta una agenda muy complicada. Tiene enfrente el problema recurrente de la confrontación militar y diplomática con Irán, que da dos pasos en la ruta de la paz y repentinamente regresa a las amenazas y los ataques.
Adicionalmente, en el escenario interno, afronta una estrepitosa caída en los índices de aprobación a su desempeño y a la par, avanza hacia las elecciones intermedias de noviembre que, de seguir así, le darán la mayoría del Congreso a los demócratas para convertir la siguiente etapa de su período de gobierno en un punto muerto. Incluso, se manejan escenarios de un posible juicio que lo obligaría a renunciar anticipadamente, como sucedió en el siglo pasado con Richard Nixon.
En un ambiente así, casi es un acto reflejo atacar a México y lanzar amenazas.
Pero esos son sus problemas, no los nuestros.
La cuestión más importante ahora, porque eso avanza por su ruta, es a dónde nos llevarán las acusaciones contra políticos y funcionarios morenistas acusados de nexos con el crimen organizado.