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Laura Castro Golarte
Laura Castro Golarte
"Laura Castro Golarte es periodista independiente y activa desde hace más de 40 años; politóloga y doctora en Historia Iberoamericana por la Universidad de Guadalajara. Es autora de varios libros. "

Tiempos difíciles

15 junio 2026
|
05:00
Actualizada
16:24

Durante un periodo breve en nuestra historia, esta nave maravillosa estuvo a punto de irse a pique mientras navegaba a la deriva. Es un tiempo al que se dedica muy poco espacio en los libros de historia pero que fue fundamental para estar hoy aquí, contándola. Me refiero al lapso entre la abdicación de Agustín de Iturbide, el 19 de marzo de 1823, y la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos el 4 de octubre de 1824.

Y no es que antes de la caída del emperador todo fuera miel sobre hojuelas, de hecho, la crisis que no cesaba prácticamente desde la consumación de la Independencia, condujo a los acontecimientos que se desencadenaron hasta que los hombres en el poder, antiguos insurgentes, liberales casi todos, maniobraron para dar rumbo y una efímera, tambaleante y muy frágil estabilidad.

Los hombres en el poder legislativo decidieron integrar un Supremo Poder Ejecutivo que hemos conocido como el Triunvirato y entró en funciones el 31 de marzo de 1823. Los titulares eran Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo y Pedro Celestino Negrete. Y los suplentes: Vicente Guerrero, Mariano Michelena y Miguel Domínguez

Los seis son personajes muy interesantes, para seguirles la pista. Nada más diré, de Mariano Michelena, que fue uno de los conspiradores de Valladolid en 1809 contra el gachupinato en la Nueva España; Miguel Domínguez era el corregidor de Querétaro en septiembre de 1810, sí, el esposo de Josefa; y el español Pedro Celestino Negrete, a la fecha, es el único que no me cuadra en el sexteto, descrito por el Dr. José María Muriá como un militar “ambicioso a más no poder y sin escrúpulos […] de un negro historial antimexicano”.

Bueno, pues esa decisión no fue bien recibida por las provincias, particularmente las de Guadalajara y Zacatecas. En el centro del país, las discusiones se centraron, primero, en si era preciso convocar a elecciones para integrar otro congreso constituyente, porque el que estaba nuevamente en funciones (había sido disuelto por Iturbide en octubre de 1822 y reinstalado el 7 de marzo de 1823) era resultado de un proceso electoral manipulado por el emperador, su razón de ser era la constitución de una monarquía y ya no era el caso.

Para resolver esta situación, se formó una comisión especial que determinaría si se convocaría a elecciones para la instalación de un nuevo congreso, pero se acordó que no y esto exaltó aún más a quienes eran los representantes de las diputaciones provinciales. A estas alturas, prevalecía la idea de constituir una república aunque se discutía si centralista o si federalista.

Los miembros de esta comisión fueron Carlos María de Bustamente, Javier Bustamante, Toribio González, Valentín Gómez Farías, Mariano Herrera, Tomás Beltranena y Francisco M. Sánchez de Tagle. Estos personajes también son muy interesantes porque, avanzando el siglo, con las facciones que se formaron y se mantuvieron con variaciones en los nombres, se empiezan a ubicar y los podemos identificar como liberales y conservadores, tanto moderados como radicales.

El dictamen que se emitió en abril de 1823, a principios, concluyó que no se debería convocar a un nuevo congreso y el argumento principal era que “las provincias no tenían la facultad para revocar o suspender los poderes otorgados a sus diputados, en tanto estos representantes no habían cumplido con los objetivos para los que habían sido designados” (Fausta Gantús et al., 2023).

De los comisionados, cuatro lo firmaron: Herrera, Tagle y los dos Bustamante; Beltranena y González la suscribieron con una condición: que la sanción de la Constitución en la que se trabajaría le correspondiera a un nuevo congreso y nada más Valentín Gómez Farías, además de no firmarla, emitió un voto particular para exponer su postura contraria.

Este documento se leyó en la sede del congreso (sesionaban en el templo del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, primer establecimiento jesuita en la Nueva España, primer recinto parlamentario de México y, hoy, Museo de las Constituciones en la Ciudad de México; lo administra la UNAM), un texto que implicó, más o menos, unos 40 minutos de lectura (con parámetros convencionales de hoy), sumamente valioso por su contenido porque ofrece antecedentes y una lectura puntual del momento que se estaba viviendo en la ruta de consolidar la independencia en medio de indecibles tensiones (dejo aquí la liga aunque basta con escribir en el buscador “Voto particular de Valentín Gómez Farías, 1823” y aparecerá:  https://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/2ImpDictadura/1823-VPCC-VGF.html).

Gómez Farías, secundado a los pocos días por Prisciliano Sánchez, otro jalisciense –nació en Ahuacatlán cuando esa localidad, hoy del estado de Nayarit, pertenecía a la Intendencia de Guadalajara–, manifestaba, entre otras cuestiones, que aun cuando le correspondía a la comisión dictaminar, se consultó a representantes de diputaciones provinciales para que opinaran y hubo acuerdo en que se convocara a elecciones para la conformación e instalación de un nuevo congreso. Pese a ello y Gómez Farías expresó su extrañeza, la mayoría en la comisión votó en sentido contrario.

Se refirió también a cómo fueron electos los integrantes del congreso en funciones y destacó la “¡desigualdad monstruosa!” que prevaleció. Casi para concluir, el orador resumió que la convocatoria aquella estaba viciada, que la situación política de la nación había cambiado y que las provincias se habían pronunciado por un nuevo congreso “sin arrepentirnos de haber sufrido privaciones, sarcasmos y otros males por defender la libertad, y los imprescriptibles derechos de los hombres, resolvamos pronto desocupar las sillas de este santuario de las leyes, y tornemos a nuestras casas y a nuestros destinos, dispuestos siempre a servir a la patria cuando nos llame”. Y deseó, para terminar, que el congreso diera muestras de desinterés personal “y de obediencia y respeto al pueblo soberano”.

Esto fue el 17 y el 28 de abril, circuló un texto impreso de Prisciliano Sánchez, en calidad de opinión, donde secundaba el voto particular de Gómez Farías. Otro documento valiosísimo al que volveré más adelante, considerando sobre todo que este año se cumplen 200 del fallecimiento del que fuera el primer gobernador constitucional de Jalisco, “el grande hombre” como fue llamado en su tiempo.

¿Y por qué ahora traigo a colación esto? Después de esa decisión de la comisión, es decir, que se ratificaba al congreso reinstalado por Iturbide, las provincias se manifestaron, ya sabemos ¿no? Guadalajara a la cabeza. Se desconoció al Congreso y se procedió a constituir el estado libre y soberano de Jalisco, nada menos y nada más que el 16 de junio de 1823 y fue el primero.

Antes de eso, el 21 de mayo, se había acordado sí convocar a un nuevo congreso pero el dictamen no estaba publicado; eso sucedió hasta el 17 de junio. Es decir, dos aniversarios fundamentales para la historia de Jalisco y de nuestro país se cumplen esta semana. ¿Qué pasó el 17? Se promulgó la convocatoria para el nuevo Congreso Constituyente.

Tiempos difíciles, sin duda alguna, para conocer a profundidad hoy y tener una idea más cercana de lo que tuvieron que pasar los mexicanos de entonces. Y todavía faltaba más de un año para la promulgación de la Constitución y para que tomara posesión el primer presidente republicano. Tiempos fundacionales, tiempos difíciles.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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