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18 junio 2026
Juan Pablo Colín
Juan Pablo Colín
Presidente del PAN Jalisco

Uno más

18 junio 2026
|
05:00
Actualizada
14:12

Joel Ángel Bravo Martínez se convirtió en un nombre más en la estadística de la violencia que consume a México. Detrás de esa cifra hay una familia destrozada, una comunidad en duelo y una pregunta que cada vez resuena con más fuerza en todo el país: ¿cuántos más tienen que morir para que el gobierno asuma su responsabilidad?

Por más que el gobierno federal quiera ocultarlo, la realidad no se puede tapar. En plena fiesta mundialista, un alcalde más es asesinado, recordándonos la crisis de violencia que vive México. Un caso más que se suma a la estadística de inseguridad que deja Morena.

El alcalde de San Miguel Amatitlán, Oaxaca, fue asesinado a balazos tras advertir públicamente que temía por su vida. Había solicitado protección. Había expuesto las amenazas que enfrentaba. Había acudido a las instancias correspondientes. Incluso, según se ha documentado, recibió la promesa de que tendría escoltas para garantizar su seguridad.

Esos escoltas nunca llegaron. Y hoy Joel Bravo tampoco está.

Su asesinato no puede entenderse como un hecho aislado ni como una tragedia producto de la casualidad. Es el resultado de un Estado que falla en su obligación más elemental: proteger la vida de sus ciudadanos. Por si fuera poco, quien pidió ayuda era una autoridad electa, un presidente municipal que alertó sobre el riesgo que enfrentaba.

Los números confirman que estamos frente a una crisis nacional.

Desde octubre de 2024 a la fecha han sido asesinados 11 alcaldes en funciones en México. Tan solo entre 2025 y lo que va de 2026 suman ocho presidentes municipales victimados. Cerca del 80 por ciento de los ataques contra actores políticos ocurren a nivel municipal.

No son cifras menores. Son señales inequívocas de que el crimen organizado ha logrado penetrar territorios enteros y convertir a los gobiernos locales en objetivos permanentes.

Los alcaldes son el primer contacto de los ciudadanos con el gobierno. Son quienes enfrentan diariamente presiones y quienes muchas veces quedan completamente solos frente a grupos delictivos cada vez más poderosos. Joel Bravo fue uno de ellos.

Y su caso representa una de las expresiones más dolorosas del fracaso de la estrategia de seguridad impulsada durante los gobiernos de Morena. Los abrazos sustituirían a los balazos. La realidad es exactamente la contraria: más homicidios, más desapariciones, más territorios bajo control criminal y más autoridades asesinadas.

Mientras el oficialismo insiste en construir una narrativa de normalidad, los hechos se empeñan en exhibir otra realidad. Una realidad donde los grupos criminales deciden quién muere y donde las solicitudes de protección quedan archivadas en un escritorio gubernamental.

Lo ocurrido en Oaxaca también obliga a preguntar qué responsabilidad tienen quienes fueron advertidos del riesgo que enfrentaba el alcalde. Cuando una persona pide ayuda al Estado porque teme por su vida y termina asesinada, no basta con condenar los hechos después. La sociedad merece respuestas. La familia merece respuestas. México merece respuestas.

La violencia se ha vuelto tan cotidiana que corremos el riesgo de acostumbrarnos. Ese es quizá el daño más profundo que ha provocado esta crisis: la normalización del horror. Un alcalde asesinado ya no ocupa semanas de discusión nacional. Una masacre ya no paraliza al país. Una desaparición más parece perderse entre miles de expedientes acumulados. No podemos permitirlo.

Porque detrás de cada cifra existe una historia. Detrás de cada víctima hay una familia. Detrás de cada autoridad asesinada hay una comunidad que pierde representación, estabilidad y confianza en las instituciones.

Por eso hoy no solamente exigimos justicia para Joel Bravo Martínez. Exigimos justicia para todos los mexicanos que han sido abandonados por gobiernos incapaces de garantizar seguridad. Exigimos que se castigue a los responsables materiales e intelectuales de este crimen.

Y exigimos que el gobierno federal reconozca de una vez por todas que su estrategia de seguridad ha fracasado. México no puede seguir contando alcaldes asesinados mientras quienes gobiernan cuentan excusas. Joel Bravo no debió morir.

Y mientras no exista justicia, mientras la impunidad siga siendo la regla y mientras las autoridades sigan volteando hacia otro lado, lamentablemente tendremos que seguir diciendo lo mismo: Uno más.

 

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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