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20 junio 2026
Ismael Ramírez
Ismael Ramírez
Especialista en Medicina Familiar. Maestro en Farmacología. Dr. en Investigación Psicológica

El sufrimiento debe abordarse en la educación médica

20 junio 2026
|
05:00
Actualizada
06:51

En la columna previa anoté que el “post-humanismo” se propone eliminar el sufrimiento y darnos un promedio de 500 años de vida. El post-humanismo y la medicina comparten la creencia en que la ciencia objetiva que surgió en la Ilustración europea en el siglo XVI puede lograr ambas metas, prolongar la vida cientos de años y eliminar el sufrimiento de la vida humana. Vimos la semana pasada que la inmortalidad es imposible debido a la segunda ley de la termodinámica. Hoy afirmo que eliminar el sufrimiento de la vida humana es un anhelo imposible; podemos mejorar la calidad de la vida humana si hacemos más equitativa la existencia, pero eso no significa la erradicación del sufrimiento.

¿Qué es el sufrimiento humano?

El sufrimiento es una de esas complejidades de la realidad que no se pueden definir de manera precisa y cerrada. Eric Cassell (sociólogo de la medicina) planteó en 1982 que sufrir es un estado de ansiedad severa asociada a eventos que amenazan la integridad de la persona (1). Usó el término “intacteness”, que puede traducirse como mantenerse intacto, sin daño, con función íntegra. Hoy, se considera que el sufrimiento puede surgir de: Causas físicas, debido a síntomas o afectación de la función. Causas psicológicas, por pensamientos y emociones que nos afligen. Causas socioculturales, debido a nuestro rol en la vida o nuestras complejas relaciones sociales. Causas existenciales por dificultades en nuestra autoidentidad, nuestro sentido de integridad, por vivir en un conflicto de valores entre lo que creemos y lo que nos vemos forzados a hacer. En el terreno existencial podemos sufrir por no aceptarnos a nosotros mismos, porque nuestras expectativas no corresponden a nuestra realidad, por temor al futuro. Sufrimos por conflictos de valores, sentimiento de culpa, porque percibimos la realidad social de manera diferente a otros (1). En suma, el sufrimiento es consustancial a la vida porque se origina del espectro biológico, psicológico, social y espiritual; para nuestra fortuna, la mayor parte del tiempo el sufrimiento es de intensidad manejable, o de corta duración. Inclusive las acciones médicas preventivas pueden generar sufrimiento. Un ejemplo: a una mujer se le toma una muestra para detección temprana de cáncer del cuello uterino; el examen tarda largas semanas en ser reportado o se extravía, o es no concluyente. Otro ejemplo es la disponibilidad de hacer detección de los genes asociados al cáncer de mama, los denominados BRC1 y BRCR2 (ya hay otros siete genes asociados); la primera angustia es si hacerse los exámenes o no, la segunda es tener resultados positivos y tener que decidir si se extirpan ambas mamas como medida preventiva; todo esto con la incertidumbre derivada de que los genes no están presentes en todos los cánceres de mama, y que hay gente con los genes presentes que no desarrolla el cáncer. Como se ve, la aspiración a prevenirlo TODO, es también generadora de sufrimiento.

El sufrimiento es un concepto personal

Arthur Frank, sociólogo a quien se le diagnosticó cáncer de un testículo, narró su padecer. Para él, sufrir es sentirse en la orilla de un abismo que lo separa del resto de la humanidad en la orilla contraria (2). Para Frank, el sufrimiento se resiste a toda conceptuación porque es la realidad de lo que no puede ser. Nos dice que la enfermedad –el cáncer en su caso– no es el sufrimiento en sí. Y esto es una gran enseñanza para la medicina que solo ve enfermedades, y para los educadores que solo enseñan a entender “la evidencia”, en realidad, datos de estudios epidemiológicos poblacionales. Sufrir, es una herida que no logra cerrar, sufrir es la incapacidad para afrontar la realidad, es no tener ningún control sobre lo que está ocurriendo (2). Por cierto, hay aquí una innegable equivalencia entre sufrimiento y respuesta de estrés. Algo es estresor solamente cuando la persona o comunidades no tienen una respuesta eficaz preparada para enfrentar la demanda externa. Como puede verse, hay una distancia enorme entre los académicos e investigadores expertos en el tema del “sufrimiento” y lo que una persona puede comunicar de su proceso único de sufrir. Es un buen avance reconocer que el sufrimiento humano procede de muchos orígenes además del campo de la biología; pero debe reconocerse que el sufrimiento no puede comprenderse y menos aliviarse sin un enfoque cuidadosamente centrado en la persona y dirigido por compasión ecuánime. Es un hecho que tratar personas en sufrimiento intenso requiere tiempo, no solo capacidades compasivas y ecuánimes; se requiere tiempo, seguimiento personal, compromiso, oportunidades para merecer la confianza para escuchar lo que es tremendamente difícil de poner en palabras.

El sistema de salud debe ser compasivo, debe humanizarse

“La medicina se ha convertido en una industria y los servicios médicos en una mercancía” (1), es una cita textual de Phillips, (2023). No deja lugar a dudas, afirma que a los médicos se les paga por hacer cosas tangibles, no por escuchar a los pacientes, no hay pago por escuchar atentamente el sufrimiento (1). Desde luego, atender a personas en sufrimiento es emocionalmente demandante para los médicos, por eso en esta columna y desde hace décadas he abogado, investigado y pedido oportunidad de enseñar a profesores para emprender la compleja educación afectiva que requiere un médico general/familiar del siglo XXI. El presente siglo –de las policrisis ambientales y geopolíticas– está generando enorme incertidumbre en la vida, y lo mismo sucede desde la biomedicina. Sus éxitos, frecuentemente son también generadores de secuelas crónicas. Los últimos meses de vida que eran –en el siglo pasado– acompañados de resignación y búsqueda de consuelo ante lo inevitable, se han convertido en ingresos constantes al hospital, y muertes en la soledad de altísima tecnología en las unidades de terapia intensiva.

Conclusión

El sufrimiento solo puede aliviarse con compasión genuina. La compasión significa compartir el sufrimiento del que sufre, sentirlo de alguna manera y hacer lo que esté a nuestro alcance para aliviarlo. Muchas veces, escucharlo plenamente, aceptar las emociones y sentimientos del sufriente es la acción que se requiere. Cuando se emprende este compromiso y se hace sin la necesaria ecuanimidad que equilibra la compasión, lo que suele venir es el desgaste del médico, y de todo aquel que cuida al paciente. En el caso del médico, existe un método para formarle en las bases de la ecuanimidad compasiva (3). La ecuanimidad compasiva fortalece a ambos en la relación médico-paciente.
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Referencias

(1). Phillips, W. R., Uygur, J. M., & Egnew, T. R. (2023). A comprehensive clinical model of suffering. “Journal of American Board of Family Medicine”, 36(2), 344-355.
(2). Frank, A. (May de 2001). Can we research suffering? Qualitative Health Research, 11(3), 353-362.
(3). Ramírez—Villaseñor, I. La enseñanza de la ecuanimidad compasiva a residentes de medicina familiar: Un estudio cualitativo. Obtenido de ITESO. Universidad Jesuita de Gua-
dalajara. (28 de diciembre de 2024): https://rei.iteso.mx/ items/301b47d3—fa1a—4667—92e2—1203f04c9be7.

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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