Karla Ivette Gómez, quien había anticipado el trámite, insistió en que el registro se realizará exclusivamente a su nombre, sin intervención de terceros.

El pato Merlín, convertido en fenómeno viral durante la Justa Deportiva 2026, acudió este lunes junto a su dueña Karla Ivette Gómez y su familia a las oficinas del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) con el propósito de registrar oficialmente su imagen como marca.
La visita se concretó poco después de que la familia participara en la conferencia matutina encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en Palacio Nacional. Durante el evento, la mandataria manifestó su disposición para apoyar a los propietarios del ave en lo que requieran y mejorar su calidad de vida. Sheinbaum resaltó el valor de conectar con las familias mexicanas y agradeció a Karla y sus hijos por haber aceptado la invitación.
Karla Ivette Gómez, quien había anticipado el trámite, insistió en que el registro se realizará exclusivamente a su nombre, sin intervención de terceros. La mujer subrayó que Merlín es un miembro más de su familia y rechazó la idea de que otras empresas se beneficien de su imagen. “
No van a venir a lucrar otras empresas con algo que es parte de mi familia y que es meramente amor”, afirmó.
La dueña del pato indicó que solo consideraría colaborar con la empresa mexicana Corporativo Pascual, mientras que cualquier otra compañía interesada deberá contactarla directamente una vez concluido el registro ante el IMPI.
La popularidad de Merlín surgió tras aparecer con una playera de la Selección Mexicana durante las celebraciones. Según explicó Karla, esta fama responde a que se trata de una familia trabajadora que sale todos los días a buscar el sustento, actividad en la que el ave también participa activamente.
En el Centro Histórico de la Ciudad de México, vendedores ambulantes ya ofrecen peluches inspirados en el pato, los cuales incluyen la característica camisa tricolor y se venden a un precio de 100 pesos. Esta comercialización informal evidencia el rápido impacto cultural que ha generado el animal en apenas unos días.
El objetivo principal del registro es proteger la imagen de Merlín ante el creciente interés comercial que ha despertado su viralidad. La familia busca mantener el control sobre el uso de la figura del pato, priorizando siempre el vínculo afectivo por encima de cualquier oportunidad de negocio.