El profundo drama que se vive en México por los más de 130 mil desaparecidos reconocidos por el gobierno federal, le plantea ahora a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo un grave dilema, después de haber recibido en su conferencia mañanera en Palacio Nacional al Pato “Merlín”, la mascota de una familia de la Ciudad de México que se ha convertido, gracias a las redes sociales, en la mascota no oficial del Mundial de Futbol.
El reclamo es básico: Sí hay espacio en su conferencia cotidiana para dar espacio a una mascota, pero no se atiende a los colectivos de madres buscadoras que reclaman más atención, presupuesto y solidaridad de las autoridades.
Ante la polémica, la presidenta mantuvo una compostura firme y mesurada, pero reveló que sí atiende personalmente a las madres buscadoras, pero en privado; no lo hace público porque quiere evitar que esto se interprete como un acto de propaganda.
Su respuesta, sin embargo, no aplacó los ánimos adversos de quienes han sido críticos con la postura del gobierno federal, el actual y el que encabezó el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
El drama de un desaparecido, que se multiplica por miles en todo el país, es casi inaprehensible. No hay recurso económico, declaración pública o programa de gobierno que alivie el sufrimiento de quienes están buscando a un ser querido del que no se sabe su paradero.
La desaparición de personas, sin embargo, no es un asunto nuevo ni tampoco se puede acreditar sólo a la administración de la presidenta Sheinbaum Pardo, pero sí hay un elemento que agravia a la gente y que se expresa de varias maneras: la insensibilidad, la falta de respaldo, la desatención.
Y lo mismo alcanza al gobierno de la república que a los gobiernos estatales y los municipios.
El hecho de que existan grupos de “buscadores” ya es una contradicción: madres, padres, hermanos y voluntarios, salen a los campos, los terrenos baldíos, las casas abandonadas, para buscar cuerpos, huesos, restos humanos. Esa tarea, en teoría, le corresponde a autoridades.
Quizá convendría revisar –y esto se ha repetido constantemente– cuáles deben ser los contenidos y la información que se maneja en la conferencia presidencial de cada mañana. Los asesores y responsables de este ejercicio oficial y cotidiano, deben mantener el equilibrio y la sensibilidad que tanto reclaman los colectivos de buscadores.
No tiene la culpa el Pato “Merlín”. Es la autoridad la que ha fallado en sus responsabilidades.