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30 junio 2026
Nora Ampudia
Nora Ampudia
Profesora Investigadora de tiempo completo en la UP. Doctorado en Economía por la UNAM.

Circular 8/2026: al mayor giro de la política monetaria desde la autonomía del Banco de México

30 junio 2026
|
05:00
Actualizada
12:46

El 15 de junio de 2026, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Circular 8/2026 del Banco de México, lo que da un giro a la política monetaria desde que el 1 de abril de 1994 entrara en operación la autonomía del Banco Central.

Aquella reforma constitucional puso fin al financiamiento monetario del déficit público y convirtió el combate a la inflación en el objetivo prioritario de la política monetaria.

En aquella época la autonomía respondió a la necesidad de evitar las fuertes inflaciones que se presentaron en los años 70 y 80. En 1970 la inflación fue del 4.9% y para 1976 ya era del 27.2% anual; para 1982 había llegado al 98.8% y en 1987 al 159.2%. Entre sus causas estuvo el financiamiento del déficit fiscal con emisión de billetes y monedas.

En aquellos días, el Banco de México compraba directamente los títulos de deuda emitidos por el gobierno federal (mercado primario) y acreditaba recursos directamente a la cuenta corriente del gobierno federal.

También existían mecanismos temporales mediante los cuales el banco central adelantaba recursos a la Tesorería de la Federación y de esta manera evitaban aumentar los impuestos y endeudarse en los mercados financieros.

El gobierno utilizaba esos recursos para pagar: la nómina de burócratas, a los proveedores, obra pública, subsidios, el gasto de empresas paraestatales y el servicio de su deuda, y ese dinero pasaba directamente a la circulación. 

Si la productividad no aumentaba en mayor proporción, la demanda era mayor a la producción, lo que generaba la inflación y las devaluaciones recurrentes del peso, y con ello la pérdida de confianza de inversionistas, ahorradores y la fuga de capitales. 

Estas fueron las razones de la reforma constitucional para darle autonomía al banco central e impedir que las decisiones de política monetaria estuvieran sujetas a las presiones políticas de corto plazo.

Aquella reforma al artículo 28 constitucional y la nueva Ley del Banco de México prohibió que el banco central prestara directamente recursos al gobierno federal para cubrir su déficit fiscal, y de esta manera, permitir una mejora administrativa de las finanzas públicas mediante impuestos o emisión de deuda colocada en los mercados, además de evitar que el Poder Ejecutivo interviniera en la política monetaria e impedir un sesgo político, lo que garantiza la independencia administrativa y financiera del Banco de México.

Hoy, la circular genera la sospecha de que el banco central puede ajustar su política monetaria a las necesidades financieras del gobierno, aliviando la presión fiscal y evitando el incremento del servicio financiero de la deuda. 

La circular permite al banco central comprar bonos del gobierno en ¡el mercado secundario a través de subastas!

Hasta el lunes pasado, su principal herramienta era vender estos instrumentos para retirar liquidez del sistema; ahora también puede comprarlos, ¡no directamente al gobierno! pero sí a intermediarios financieros como: casas de bolsa, banca comercial, fondos de pensiones, sociedades de inversión especializada y fondos de inversión, en momentos que el mercado esté deprimido, lo que evitará: que el precio de los bonos de la deuda pública caiga y que las tasas de interés de dichos bonos suban, además de evitar el incremento en el servicio financiero de la deuda pública.

 La compra de los bonos públicos generará liquidez adicional, que habrá que nivelar con otros instrumentos de política monetaria para evitar la inflación.

A fin de cuentas, se trata de evitar la caída en los precios de los bonos gubernamentales cuando los inversionistas se deshagan de los bonos, en pocas palabras: cuando las calificadoras de deuda bajen el grado de inversión o en momentos de estrés financiero y alta volatilidad de los mercados financieros; ello evitará el incremento en el déficit fiscal por un aumento en el costo financiero de su deuda. 

Es una estrategia de banco central muy parecida al “Quantitative Easing” que se utiliza para la compra de instrumentos financieros cuando se teme una deflación y se quiere reactivar la economía, además de influir en las tasas de interés de largo plazo para que éstas bajen, pues al comprar activos financieros su precio sube y la tasa baja. 

Al comprar los activos financieros se inyecta liquidez a los intermediarios financieros, quienes a su vez, compran otro tipo de activos financieros o generar recursos líquidos para la banca comercial que podrá, a su vez, aumentar el crédito bancario. El resultado final es el incremento del dinero en circulación u oferta monetaria, con la posibilidad de un incremento en la inflación.

En resumen, la circular amplía los instrumentos de política monetaria del banco central, pero también puede generar riesgos al favorecer el mantenimiento del déficit fiscal con su impacto negativo en la inflación, las tasas de interés, la balanza comercial y la depreciación del peso.

Para evitar estos riesgos el banco central necesitará una política monetaria de sintonía fina y mucho más activa, lo que puede distorsionar las decisiones financieras de los agentes económicos.

Tampoco debemos olvidar que la política monetaria tiene efectos distributivos.

 

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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