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30 junio 2026
Tzinti Ramírez
Tzinti Ramírez
Internacionalista y maestra en Historia y Política Internacional por el Graduate Institute of International and Development Studies (IHEID) en Ginebra, Suiza. Investigadora invitada en el Gender and Feminist Theory Research Group y en el CEDAR Center for Elections, Democracy, Accountability and Representation de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido. Miembro de la Red de Politólogas.

Cuando todos digan que siempre estuvieron en contra

30 junio 2026
|
05:00
Actualizada
20:00

El 18 de junio de 2026, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel, publicó el informe “La esencia de la infancia ha sido destruida: el ataque deliberado de Israel contra niñas y niños palestinos en el Territorio Palestino Ocupado desde el 7 de octubre de 2023”. El documento registra al menos 20 mil 179 niños asesinados y 44 mil 143 heridos. También documenta ataques directos contra menores, uso de armas explosivas en zonas densamente pobladas, detenciones, tortura, violencia sexual y de género, destrucción de hospitales, escuelas y orfanatos, además de condiciones de vida que han afectado de manera severa la supervivencia, la salud y el desarrollo de la infancia palestina.

La dimensión de la destrucción de la vida es inenarrable. Pero lo más apabullante del informe está en el patrón de violencia sistemática y deliberada contra niñas y niños, ejecutada desde el poder militar, administrativo y territorial de un Estado, con la connivencia de amplios sectores de su sociedad. La Comisión sostiene que la violencia contra las infancias palestinas debe leerse como parte del proceso genocida porque los niños son quienes encarnan la continuidad biológica y colectiva de un grupo. Al asesinarles, herirles, destruir su salud mental, sus posibilidades educativas, sus espacios de cuidado y sus condiciones para nacer, crecer y desarrollarse, se ataca también la existencia futura del pueblo palestino.

El informe se concentra especialmente en Gaza, pero también documenta el deterioro de la situación en Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental. Ahí registra el aumento de la violencia de colonos israelíes contra civiles palestinos, incluidos niñas y niños; los efectos psicológicos de vivir entre redadas, desplazamiento, puntos de revisión, ataques a comunidades y miedo cotidiano. La destrucción de la infancia palestina no se limita a los bombardeos, sino que ocurre también día a día desde hace décadas mediante formas lentas y cotidianas de violencia.

La imposibilidad de ir a la escuela sin temor, de jugar afuera, de dormir sin pesadillas, de crecer sin que la ocupación organice la vida diaria, es algo que se le niega por parte del Estado israelí, a las infancias del pueblo palestino. 

Francesca Albanese, relatora especial de Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, lo ha explicado sin cesar en sus libros e informes. La ofensiva israelí actual se inserta en una historia larga de ocupación, asedio, fragmentación territorial, desplazamiento forzado y desposesión. Décadas de control territorial, aéreo y marítimo, décadas de destrucción de la economía, la libertad de movimiento y deterioro de las condiciones materiales, jurídicas y políticas, han cumplido una doble función: generar condiciones cada vez más insoportables de vida para empujar la expulsión, el desplazamiento y la diáspora; y a su vez, convertir la resistencia frente a la injusticia y la negación de derechos, en excusa para escalar nuevos ciclos de brutalidad.

Octubre de 2023 aceleró el proceso y lo volvió más visible, pero la infancia gazatí actual ya había crecido entre bloqueos, operaciones militares, cortes de electricidad, escasez de agua, restricciones médicas, cierres escolares, encierro territorial y trauma acumulado. Muchos de los niños asesinados habían nacido y vivido toda su vida bajo el bloqueo israelí de la Franja de Gaza, otros tantos, bajo la brutal ocupación de Cisjordania.

Frente a la acumulación de evidencia ya en 2026, queda pensar cómo será recordado el silencio cobarde de individuos, instituciones y gobiernos. Omar El Akkad, novelista y periodista nacido en Egipto, condensa el acomodo inmoral posterior y frecuente de quienes voltean a otro lado mientras las injusticias ocurren, en una frase que después convirtió en libro: “One Day, Everyone Will Have Always Been Against This” (Un día, todos dirán que siempre estuvieron en contra de esto). Su frase anticipa los intentos de absolución futura, de travestismo de opinión, de quienes callaron cuando era más urgente hablar. Dice El Akkad, que un día, cuando el costo de denunciar haya bajado, muchos dirán que lo sabían. Dirán que les preocupaba. Que les dolía.

Ese desplazamiento de postura ya empezó. Actores que durante meses o años se erizaban al hablar de genocidio ahora “aceptan” que el término pueda utilizarse. Lo aceptan como posibilidad jurídica, como tema de seminario o panel. Pero “permitir” que hoy se hable de genocidio no equivale a denunciarlo. Mucho menos a actuar para detenerlo. Ahí se ubican muchas universidades, instituciones y empresas capaces de organizar foros de temas varios o de honrar contratos diversos, pero incapaces de asumir una postura contundente de condena frente a la destrucción de Gaza mientras ocurre. Hoy en 2026, se acepta hablar de genocidio como concepto, siempre que el debate no obligue a revisar inversiones, romper convenios, incomodar públicos o terminar alianzas políticas o financieras.

Pero el atentado fehaciente contra la infancia palestina debe dejar poco espacio para las ambigüedades de opinión. Cada niño asesinado o herido por un francotirador, cada niño víctima de amputación, hambriento, detenido, desplazado, huérfano o traumatizado debe obligar a la honestidad. La evidencia no es escasa. Está en los informes de Naciones Unidas, en un sinfín de testimonios médicos, en las escuelas y hospitales destruidos, en las madres que paren sin condiciones mínimas, en los niños que sobreviven sin familia y sin aula.

Algún día, muchos dirán que siempre estuvieron en contra del genocidio contra el pueblo palestino. La pregunta que debe permanecer es, qué dijeron y qué hicieron cuando todavía importaba.

El informe puede consultarse en el siguiente enlace:

 

*Las opiniones y contenidos en este texto son responsabilidad total del autor y no de este medio de comunicación.
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