“Moscas” de Fernando Eimbcke (“Temporada de patos”, “Lake Tahoe”, “Club sándwich”) es un relato sobre quedarse solo, saberse y/o sentirse solo… pero también sobre descubrirse súbitamente acompañado. Es, además, una pieza sobre esos momentos fulminantes que amenazan con terminar con la inocencia, que casi prometen el fin de la infancia, aunque aquí la infancia resiste, lucha por mantenerse inocente; es una historia sobre esas heridas que nos acompañan durante toda la vida, incluso sin darnos cuenta, hasta que de pronto se nos revela que siguen ahí, abiertas y supurantes. Es una cinta sobre vínculos inesperados, sobre encontrar solaz, compañía y respiro en el otro.
Debido a un gasto imprevisto, una mujer no tiene más remedio que poner en renta una recámara de su departamento. Su primer inquilino temporal es un hombre que tiene internado a un familiar en el hospital de enfrente. Al hombre lo acompaña su hijo, un chico increíblemente carismático e indomable, porfiado y avispado, que es buenísimo para jugar a cierto videojuego retro. Entre la señora de ánimos exiguos y el chamaco surgirá un lazo singular.
Bellamente filmada en blanco y negro (la cinefotografía de María Secco no tiene desperdicio), “Moscas” es un “coming-of-age” parsimonioso que te magnetiza; que va del “no pasa nada” a ser una delicia de emotividad palpable. Sí, el “filmmaking” de su director en estado de madurez total.
El largometraje de Eimbcke ofrece, además, puras interpretaciones de galardón, auténticas y solventes. Teresita Sánchez es, como de costumbre, una presencia que, incluso desde la contención, nos regala un trabajo de gran potencia interpretativa. Enrique Arreola y Hugo Ramírez hacen también lo propio. Pero la verdadera estrella del filme es el joven Bastian Escobar, quien interpreta a Cristian. Su encanto es irresistible; su actuación y personalidad son sustantivas para que la película se eleve como lo hace. Una mirada, un gesto, un movimiento, un desplante… Escobar necesita de poco para tenernos en la bolsa.
Ciertamente, se antoja que “Moscas” figure en la cúspide de la filmografía de Eimbcke, junto a “Temporada de patos”, es de lo mejor que ha hecho. Estrenada en la competencia de la Berlinale y proyectada hace un par de meses como película de apertura del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, “Moscas” es una película discreta, contenida, pero también magnífica: un filme sobre vacíos interiores (íntimos) y sobre vacíos cósmicos, sobre invasores espaciales de videojuego e invasores terrenales e invencibles, sobre una infancia y una adultez que inesperadamente se encuentran para entretejerse. Vale un montón la pena y creo que podemos decir que seguro trascenderá como una de las mejores películas mexicanas de 2026.