Autoridades de Guadalajara, Zapopan y el gobierno de Jalisco, informaron ayer que se reforzarán los operativos de protección, vialidad y seguridad para el próximo domingo. La razón es simple: vuelve a jugar la Selección Mexicana de Futbol y las posibilidades de que gane el partido de futbol son bastante reales, de manera que los festejos pueden ser tan intensos como los de pasado martes 30 de junio, o más.
Lo que ocurrió en la Ciudad de México no debe repetirse: cuatro personas murieron después del juego de futbol en los festejos, asfixiadas por la multitud. Y pudo ser peor si se considera que de acuerdo con las cifras oficiales, hubo más de un millón de personas en las inmediaciones del Ángel de la Independencia.
En Guadalajara, se informó que más de 120 mil personas acudieron a la Glorieta de La Minerva, y muchos miles más estuvieron en el Centro Histórico de Guadalajara, en la zona de Avenida Chapultepec y en el centro de Zapopan.
Hubo eventos totalmente inadmisibles: riñas, agresiones a policías, intentos de ingresar por la fuerza a la zona del Fan Fest en la Plaza de la Liberación, personas heridas, actos vandálicos, detenidos y mucha basura.
El abordaje de este tema significa un gran reto para las autoridades, porque por una parte, el festejo es general. Igual que los “civiles”, también las personas con uniforme (policías, agentes viales, personal de Protección Civil, elementos de la Guardia Nacional) se emocionan y celebran que la Selección resulte ganadora. Este sentimiento se comparte y se contagia. Los representantes de la autoridad no están ahí para imponer la fuerza; de hecho, han dado muestras de tolerancia y acompañamiento. Están en los festejos para apoyar.
Debe reconocerse con franqueza: muchos individuos (ellos y ellas), dañan el festejo.
El asunto es tan elemental como las molestias que deben sobrellevarse cuando se presenta una manifestación en espacios públicos, porque el derecho legítimo de manifestarse y protestar, no tiene más peso que el derecho que tienen otros para realizar sus tareas o transitar.
En el caso de los festejos, podría considerarse que se trata de una manifestación, pero gozosa. Ninguno de los festejantes tiene “permiso” para dañar la infraestructura pública, saltarse las leyes de movilidad o agredir a otros.
Hay un elemento más: el alcohol.
No es ningún descubrimiento: al aumentar el consumo de bebidas alcohólicas, aumentan también los comportamientos violentos.
Además de los operativos de seguridad y vigilancia, deben aplicarse regulaciones estrictas a la venta de bebidas. No puede permitirse por ningún motivo la venta de envases de vidrio, por ejemplo.
En síntesis: un motivo de fiesta y alegría tan potente como lo es el triunfo de la Selección Mexicana (y todos anhelamos que este domingo 5 de julio se repita), no debe ser también, motivo de temor.
Lo que toca es la autolimitación y el respeto.