Tras la negativa del gobierno de Donald Trump a extender por 16 años más el T-MEC y dejar su conclusión a un periodo de 10 años, planteo tres reflexiones sobre el tratado comercial desde igual número de trincheras.
La primera reflexión es económica y comercial. Es un hecho que durante las décadas de existencia del tratado comercial las tres naciones firmantes: México, Estados Unidos y Canadá, han tenido luces y sobras. Ninguno de los países puede llamarse totalmente perdedor o absolutamente ganador. Los tres han cedido y los tres han conseguido beneficios para sus poblaciones. Y sin duda, el día de hoy Norteamérica se significa como una de las regiones económicas y comerciales más potentes del planeta.
Lo que vendrá ahora es una serie de revisiones anuales en las cuales el número de temas a observar irá disminuyendo con el paso del tiempo. Por otro lado, el tratado no tendrá modificaciones inmediatas y el comercio entre los tres países continuará operando bajo las reglas vigentes.
La segunda trinchera es la política. A los ojos de cualquier observación y análisis objetivo, es evidente que la decisión de Donald Trump de no extender 16 años más el tratado comercial no es económica o comercial, sino política. Si pensamos que la decisión del presidente de Estados Unidos responde a lo que él considera como “pocos beneficios” obtenidos para su país, no hay elementos concretos, más allá de sus desvelos, para pensar que la economía estadunidense se vio desfavorecida por el tratado comercial y que entonces eso fue lo que marcó la decisión de Trump.
Sin duda, la determinación del inquilino de la Casa Blanca fue política. El uso que le dio al tratado fue de instrumento de presión hacia sus “socios y amigos comerciales” para que se decanten en favor de sus pretensiones injerencistas tanto económicas, como comerciales y de seguridad, en Canadá y México. No obstante, más allá de la decisión de Trump, al revisarse cada año el tratado, los gobiernos de los tres países podrán de nueva cuenta extender su existencia y cambiar las condiciones que hoy establece el republicano que dejará la presidencia en 2029.
La última trinchera es la electoral, que veremos materializada en dos procesos: el 3 de noviembre en las elecciones intermedias estadunidenses donde los votantes republicanos beneficiados con el T-MEC seguramente manifestarán su rechazo al partido de Trump. El segundo coletazo electoral se viene al sur del Río Bravo y lo sufrirá Marcelo Ebrard en su búsqueda por la candidatura presidencial de Morena en 2030.
Finalmente, de cara a los siguientes diez años, sociedad y gobierno en México tendremos que trabajar para reorientar nuestra actividad comercial hacia un mayor número de países. No podemos seguir anclados mayoritariamente a un solo socio comercial. No olvidemos que, aunque desde mediados de los noventa hasta la fecha nuestras exportaciones han crecido hacia Estados Unidos, nuestro PIB no lo ha hecho en la misma proporción; quizá es el momento coyuntural para establecer una nueva estrategia económica y comercial.