México, una vez más, se quedó en la ronda de los octavos de final. Regresamos a la normalidad de los últimos, casi, 30 años. Quitando el episodio lamentable y ridículo de Martino en Qatar.
La Selección Mexicana cayó con la cara en alto, esa es la verdad. Sin embargo, también es cierto que alcanzó niveles que muy pocos pensaban que podía alcanzar antes del duelo ante Sudáfrica.
Hoy la eliminación del Tricolor tiene dos vertientes y depende desde dónde se quiera analizar, pues lo bueno sería que se avanzó como líder, que cuatro partidos se mantuvo la portería en cero, que Quiñones es el mejor naturalizado que ha vestido la verde. Por otro lado, está el fracaso. Y si se preguntan por qué pongo este calificativo, es sencilla la respuesta.
México, en las dos ocasiones anteriores que se celebró el torneo de selecciones en casa, alcanzó los cuartos de final. Sí, había muchas diferencias, pero se llegó a esa instancia; hoy nos quedamos a un pasito. Y una vez más nuestra cobija será “caímos con un candidato a ser campeón, como Alemania, Italia, Argentina”, etc.
Javier Aguirre llegó a donde mismo, los tres torneos eliminados en la misma fase. Ahora tocará ver si Márquez se queda al frente. Si no sucede algo extraño, el káiser deberá tomar las riendas y su presentación como entrenador nacional sería en septiembre con la fecha FIFA.
Pero la otra incógnita es, ¿Aguirre aceptará ser dirigente en la Femexfut? Pronto lo descubriremos.