El Gobierno de Jalisco calcula que serán necesarios más de 20 mil millones de pesos para ejecutar obras estratégicas que permitan garantizar agua de calidad para la Zona Metropolitana de Guadalajara. Paradójicamente, el propio gobierno estima que para finales de este año la cartera vencida del SIAPA alcanzará prácticamente esa misma cantidad, según explicó el jefe de Gabinete, Alberto Esquer.
En otras palabras, lo que hace falta para rescatar al SIAPA es prácticamente equivalente a lo que ha dejado de cobrar. Sería cómodo concluir que el problema es que los ciudadanos dejaron de pagar, pero también sería una explicación incompleta.
En últimos meses, la cifra de usuarios que decidieron ya no pagar el servicio ha crecido y según sondeos, la razón es que el servicio que reciben dista de ser bueno. Durante meses, medios de comunicación, especialistas y organismos defensores de derechos humanos documentaron quejas por agua turbia, con sedimentos, malos olores y dudas sobre su calidad. La confianza comenzó a deteriorarse mucho antes que el crecimiento de la cartera vencida.
También conviene matizar otra idea que ha cobrado fuerza. El gobierno estatal sostiene que la crisis es consecuencia de más de 25 años de rezago en inversiones estructurales. Es un diagnóstico que parece razonable, pero que también deja preguntas abiertas sobre porqué durante ese mismo periodo la ciudad siguió creciendo. Se construyeron nuevos fraccionamientos, se extendieron redes de distribución y se incorporaron miles de nuevas tomas domiciliarias.
La discusión, entonces, no parece ser únicamente si hubo o no inversión, sino que ésta se destinó sólo para resolver la expansión de la ciudad.
También sigue sin responderse con claridad dónde comienza exactamente el problema que hoy llega hasta los hogares. El anterior director del SIAPA sostuvo reiteradamente que el agua salía en buenas condiciones de la planta potabilizadora de Miravalle. Si eso era así, la pregunta sigue siendo válida: ¿en qué punto del trayecto deja de ser agua transparente para convertirse en turbia, con sedimentos y malos olores? ¿En las plantas, en las líneas principales o en tuberías que debieron sustituirse hace años?
La respuesta importa porque de ella depende saber si las inversiones anunciadas resolverán el problema de raíz o solamente una parte de él.
Hoy la prioridad es atender la emergencia. Es entendible. Las obras anunciadas apuntan precisamente hacia ese objetivo y, muy probablemente, será necesario encontrar mecanismos extraordinarios de financiamiento para hacerlas realidad, pero el rescate del SIAPA no debería limitarse a conseguir dinero.
Durante décadas, el SIAPA también acumuló la mala reputación de convertirse en espacio para cuotas políticas, recomendaciones y estructuras administrativas que crecieron mientras la confianza ciudadana disminuía.
Por eso el saneamiento no puede ser solamente hidráulico sino también administrativo, financiero y de rendición de cuentas. Si hoy se plantea una inversión histórica para rescatar al organismo, también resulta razonable esperar una revisión igual de profunda sobre la forma en que administra sus recursos, opera su estructura interna y responde a los ciudadanos.
Lo lógico sería que a la par de la propuesta financiera, al Congreso de Jalisco también llegue el diagnóstico de estructura interna del organismo, su gasto operativo, sus procesos y el plan para en lo futuro inmediato, administrar mejor los recursos que ya tiene. Ese diagnóstico también debería formar parte del rescate.