Si algo quedó demostrado durante los episodios de los narcobloqueos que ha vivido Jalisco en los últimos años, es que las balas no se detienen con discursos ni con simulacros. Se detienen con inteligencia, tecnología, coordinación y decisiones oportunas. Por eso resulta inevitable preguntarse: ¿Para qué un simulacro de bloqueos carreteros este lunes si el protocolo real ya está perfectamente definido?
La respuesta oficial por parte del gobierno federal o la Secretaría de la Defensa Nacional habla de fortalecer la coordinación entre instituciones. Suena bien. Pero la realidad ha demostrado que, cuando los grupos criminales incendian vehículos y paralizan carreteras, las corporaciones de seguridad no salen a librar enfrentamientos urbanos. Nadie en su sano juicio quiere una batalla campal en medio de avenidas repletas de familias, estudiantes y trabajadores. La prioridad es contener el riesgo y proteger vidas.
El verdadero combate ocurre mucho antes de que aparezcan las llamas. Está en el trabajo de inteligencia que identifica a quienes reciben la orden de sembrar el caos. Está en los sistemas de videovigilancia capaces de seguir cada movimiento de los vehículos utilizados por los sicarios. Está en el monitoreo de las comunicaciones, en el análisis criminal y en la capacidad de detener a los responsables antes de que prendan fuego al primer camión. ¿O después?
Si la estrategia consiste precisamente en evitar enfrentamientos directos para no multiplicar las víctimas, ¿qué aporta movilizar decenas de patrullas con sirenas encendidas hacia escenarios ficticios? ¿Se está entrenando una respuesta que, por diseño, nunca ocurrirá de esa manera?
Después de la Copa del Mundo, las propias autoridades celebraron un incremento en la percepción de seguridad entre la población. Los visitantes se fueron convencidos de que Jalisco es un Estado capaz de organizar eventos internacionales con orden y tranquilidad. Esa imagen positiva se construyó gracias a un enorme despliegue tecnológico, cámaras, centros de mando, inteligencia y coordinación institucional de corporaciones de seguridad. No gracias a los simulacros.
Los recursos públicos son limitados. Cada hora de operación, combustible, personal y logística debería traducirse en resultados concretos. Tal vez sería más útil realizar ejercicios silenciosos de inteligencia, pruebas de interoperabilidad entre los sistemas de videovigilancia, simulaciones cibernéticas para rastrear comunicaciones criminales o auditorías sobre los tiempos reales de reacción de los centros de mando.
La seguridad no se gana con espectáculos operativos. Se gana anticipándose al delito. Porque cuando un narcobloqueo comienza, el Estado ya llegó tarde. La verdadera victoria consiste en impedir que ocurra.
¿Habrá algo detrás del simulacro? ¿Por qué sólo en Jalisco y no Michoacán o Sinaloa?
Pregunta para la presidenta, Claudia Sheinbaum.