Este domingo tuve la oportunidad de acompañar una de las expresiones culturales más representativas de Zapopan. Desde la época colonial, comunidades como Nextipac, Jocotán, San Juan de Ocotán, Ixcatán y Santa Ana Tepetitlán, mantienen viva la celebración en honor a Santiago Apóstol, una tradición que combina la fe con la convivencia comunitaria y que tiene en la danza de los tastoanes uno de sus símbolos más emblemáticos. Cada año las calles de dichas comunidades se llenan de procesiones, misas, música, representaciones, comidas compartidas y familias enteras que participan para mantener vivo un legado que ha pasado de generación en generación.
Sin embargo, este año ocurrió algo distinto. Por primera vez, de acuerdo con quienes han dedicado su vida a preservar esta tradición, tres de estas comunidades decidieron recorrer un mismo camino. Una cabalgata que partió de Jocotán, atravesó San Juan de Ocotán y concluyó en Nextipac, uniendo en un solo recorrido pueblos que históricamente habían celebrado esta festividad de manera independiente.
Mientras observaba avanzar a cientos de personas y familias a caballo, pensé que en realidad, lo más importante no eran los caballos ni el recorrido. Lo verdaderamente significativo era el mensaje.
Con frecuencia creemos que conservar una tradición significa mantener todo exactamente igual. Como si cualquier cambio pusiera en riesgo su autenticidad. Pero la historia demuestra lo contrario. Las tradiciones permanecen vivas precisamente porque cada generación encuentra nuevas formas de hacerlas suyas sin perder aquello que les da sentido.
Eso fue lo que vi este domingo. Cada comunidad conservó su identidad, sus costumbres y su manera de celebrar a Santiago Apóstol. Nadie dejó de ser quien es, pero decidieron compartir un mismo camino. Y ese pequeño gesto en estos tiempos dice mucho.
En una época en la que con facilidad encontramos razones para dividirnos, resulta esperanzador ver que una tradición centenaria sea capaz de hacer exactamente lo contrario: reunir a miles de personas.
Zapopan es una ciudad que crece todos los días. Llegan nuevos habitantes, aparecen nuevos barrios y la dinámica urbana cambia constantemente. Por eso, conservar nuestras tradiciones –además de ser un reto– no significa encerrarlas en el pasado, sino permitir que sigan construyendo comunidad en el presente.
Porque al final, una ciudad no conserva su historia por lo vieja que sea una tradición, sino porque siempre hay alguien dispuesto a vivirla, compartirla y heredarla. Y este fin de semana, los pueblos de Nextipac, Jocotán y San Juan de Ocotán, nos recordaron justamente eso.