Jalisco, por mucho, demostró ser la sede no solo más mexicana del Mundial, sino la mejor de los tres países que organizan la máxima justa del futbol internacional. En Guadalajara el Fan Festival se ha convertido en los ojos del mundo entero, con su ambiente, con su pasión, con su organización, con su seguridad, con su sabor. En fin, en una palabra, con su fiesta. Y es que a pesar de la lluvia o del sol o de cualquier circunstancia, los miles de visitantes le han gritado al mundo las bondades y bellezas de nuestro Estado.
Hasta el momento, cada día independientemente del partido que se juegue, Jalisco ha mostrado que estaba preparado para recibir a todos para vivir la fiesta futbolera no solamente en la cancha, sino en sus calles, en su gastronomía, en su cultura, en su vida misma. Cómo no destacar la impresionante e inconmensurable calle de Zapopan bordada no solo por las manos de las tejedoras de Etzatlán, sino por el corazón mismo de la pasión y entrega de un oficio que ha dado vuelta al mundo entretejiendo las miradas desde el Cono Sur hasta el Polo Norte, y desde el Este hasta el Oeste del globo terráqueo.
La fiesta del futbol la están viviendo niñas, niños, adolescentes y adultos de esta tierra y más allá de nuestras fronteras; este deporte está demostrando de nueva cuenta su fuerza social en su poder de convocatoria y a pesar de que solamente albergamos cuatro partidos, todo parece indicar que la fiesta se vivirá hasta el término de la justa mundial, dándonos a todos la oportunidad de seguir gritándole a todo el mundo que nuestra ciudad, que nuestro Estado, es más de lo que puedan decir esas voces que a veces parecen molestarse porque México vibre, se engalane, triunfe, brille y se agigante a los ojos del mundo.
Qué decir de los magnos conciertos abiertos al público que generaron récords de asistencia, primero el del grupo Maná con más de ciento setenta mil asistentes en la emblemática Glorieta de La Minerva y luego la serenata de Alejandro Fernández, superando la cifra de más de doscientas setenta mil personas, dejando a todo el mundo atónito no solo por la asistencia, sino por la calidad y organización del evento que la Agencia Estatal de Entretenimiento del Estado planeó y ejecutó de manera brillante.
El Mundial está por concluir y sé que disfrutamos de este acontecimiento que difícilmente volveremos a vivir en nuestra casa, y ya después del Mundial, nosotros, los de casa, no solamente nos quedaremos con este hermoso recuerdo, sino viviremos el día a día con todas las obras realizadas como calles, avenidas, recintos, esculturas, transportes y un sinfín de herencias que nos habrá dejado el evento internacional.